Hay vacaciones de las que se vuelve exhausto
Hay vacaciones de las que uno vuelve más cansado de lo que se fue y otras, como esta, de las que se vuelve exhausto. Qué verano. Hasta el sol, protagonista de la estación más deseada del año, pide la hora entre acusaciones de complicidad con el sanchismo. Acusar a un eclipse de social-comunista es algo que ni los más convencidos de las enormes capacidades de la derecha española vimos venir.
Hay vacaciones de las que uno
vuelve más cansado de lo que se fue y otras, como esta, de las que se vuelve
exhausto. Qué verano. Hasta el sol, protagonista de la estación más deseada del
año, pide la hora entre acusaciones de complicidad con el sanchismo. Acusar a
un eclipse de social-comunista es algo que ni los más convencidos de las
enormes capacidades de la derecha española vimos venir.
Todos ateos hasta que la azafata
señala las salidas de emergencia del avión y anuncia el despegue. Todos
repitiendo que el periodismo es el oficio más hermoso del mundo hasta que te
tiras unas semanas desconectado de la actualidad. “Cuando vuelvo a la redacción y me obligan a ponerme al día sobre un
montón de gilipolleces, te juro que me haría sexador de pollos”, me
confesaba hace poco un compañero trabajador de un conocido medio al que
mantendremos en el anonimato porque a sexador de pollos no llega cualquiera.
Decía Kapuscinski que para
ejercer este oficio hay que tener empatía y a eso vengo en mi primera columna
del curso. A agarrarles de la mano para sumergirnos juntos en ese lago
enfangado y maloliente que es la actualidad española. Están a tiempo de darse
la vuelta. Si, por el contrario, se sienten preparados, tápense la nariz y
vamos.
No ha sido un verano fácil para
nadie. No lo ha sido para Pedro Sánchez, pero tampoco para los pobres
periodistas que, en lugar de pasar el mes de agosto con sus familias, se lo han
pasado acosando a la familia del presidente porque el sinvergüenza se ha
pillado vacaciones. Viva el rey, a propósito. ¿Qué tal, has descansado este
verano? Que nadie le haga esa pregunta a Isabel Díaz Ayuso. Quería aprovechar
la presidenta madrileña los días libres para los típicos papeleos pendientes de
los que nunca hay tiempo durante el curso –como pillarte un ático de seis
millones con dinero público– y, tras insultar a los bomberos y dar 480
versiones diferentes –20 menos que los metros cuadrados que tenía el pisito–,
ha acabado teniendo que dar ruedas de prensa hablando de ETA. Es decir,
teniendo que trabajar. Que nadie se lo eche en cara. Hace tiempo que Ayuso ya
no tiene la culpa de estar ahí, como no la tuvo Chikilicuatre cuando lo
mandamos a Eurovisión.
Empezamos el curso más quemados
que la Sierra Oeste de Madrid o la provincia de Huelva y en mi cabeza solo cabe
una pregunta: ¿cómo es posible que, año tras año, se repita el mismo drama con
récord aún mayor? Aunque sea por egoísmo, para que no se les jodan las
vacaciones año tras año, ¿a los presidentes autonómicos no se les pasa por la
cabeza hacerle caso a los bomberos e invertir en prevención?
Pirómanos e imprudentes siempre
habrá, el problema es que cobren un sueldo público y se dediquen a provocar
incendios, incluso en ciudades de costa como Ceuta. Allí montaron la alfombra
roja del facherío las mayores estrellas de la galaxia del asco. Tras plantarse
en el lugar para sembrar odio y racismo, es decir, trabajar en vacaciones,
tipos como Abascal siguen sin atreverse a criticar al dictador marroquí, el
amigo de sus amigos de Israel y EEUU. Ya conocen ustedes la canción de Mecano.
A cambio, siempre dirigiéndose al más lento y corto de luces de la clase, desde
Vox culpan a los inmigrantes, así, en abstracto.
Si a esto le suman la llegada de
un nuevo psicópata a la escena internacional, en este caso a Colombia, y que
ministros de Netanyahu piden que cada noche se asesine en Gaza a 40 o 50
personas, ya tienen el mapa de situación de cómo están las cosas en el mundo y
los periodistas la explicación de por qué a usted, lógicamente, le apetece
dimitir de la actualidad como a mi amigo el aspirante a sexador. Le pedimos que
no lo haga. Que nos agarre la mano usted a nosotros, a quienes nos dedicamos al
periodismo de servicio público porque, si tienen el mundo así mientras miramos,
imagine cómo lo tendrían si dejamos de hacerlo.
Gerardo Tecé

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