Xi, Putin y el nacimiento de un nuevo equilibrio de poderes
Lo que nació en Beijing no es una alianza clásica. No tiene artículo 5, como la OTAN, ni mando integrado, ni bandera común. Pero quizás por eso es más flexible. La escena de Beijing tuvo la fidelidad de una ceremonia antigua y la frialdad de una advertencia moderna. Xi Jinping recibió a Vladimir Putin en el Gran salón del pueblo no como se recibe a un socio ocasional, sino como se administra una señal al mundo. La política internacional, cuando quiere decir algo importante, rara vez lo dice sólo con comunicados. Lo dice con tiempos, con gestos, con repeticiones. Putin llegó a China pocos días después de la visita de Donald Trump. Xi, sentado en el centro geométrico de esa coreografía, mostró lo esencial. Beijing puede hablar con Washington, pero no se subordina a Washington; puede negociar con Estados Unidos, pero su arquitectura estratégica mira hacia Eurasia. La cumbre de mayo no fundó la unión chino-rusa. Hizo algo más decisivo: la normalizó como uno de los hechos estr...