Estamos ante una gran pruebe de estrés para la democracia
Una operación de golpe de estado
hibrido como la que está llevando ahora la administración Trump en España es
una gran prueba de estrés para medir: la disposición de la sociedad para
defender la soberanía nacional, el compromiso democrático de los partidos y la
capacidad de la ciudadanía para resistir la intoxicación informativa y analizar
la realidad con criterio.
Hay
momentos en los que la democracia deja de ser confortable y se convierte en un
mecanismo sometido a mucha tensión.
Lo
que hoy sucede no es solo una cuestión de geopolítica.
Es
un examen interno.
Una
radiografía incómoda que revela hasta qué punto la sociedad está dispuesta- o
no- a defender su propia democracia.
La
pregunta no es si estamos ante una crisis. Las democracias viven en crisis
permanentes.
La
pregunta es si esta sociedad está preparada para resistir la presión. Las
democracias ahora ya no caen de golpe.
Se erosionan lentamente para que
la sociedad menos vigilante no lo perciba.
Lucio
Martínez Pereda
Golpe de estado consumado con la
participación de Trump
No
creo que Zapatero haya hecho nada diferente que otros ex presidentes. De hecho,
tengo la impresión de que su patrimonio es inferior al de Aznar, Rajoy o Felipe
González.
Sin
embargo, la justicia española, siempre alineada con la derecha, ha imputado a
Zapatero, alegando indicios de delito.
En
cambio, no fue capaz de averiguar quién era M. Rajoy ni la X de los GAL.
Evidentemente, estamos ante un
golpe de estado consumado con la participación decisiva de Donald Trump. El
Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos ha confirmado
oficialmente que ha colaborado con la Policía Nacional española aportando
información clave contra Zapatero.
EEUU
quiere quitarse de encima al gobierno socialista para que una coalición del PP
y VOX suban el gasto de defensa al 5%, lo cual implicaría comprar más armas al
amigo americano.
Ese
incremento se llevará a cabo recortando el presupuesto de la Seguridad Social y
la sanidad pública, como ya se ha hecho en Alemania.
Con
Feijoo y Abascal en el gobierno, Trump podrá utilizar sin ninguna clase de
cortapisas las bases militares de Rota y Morón para bombardear Oriente Medio y
enviar armas a Israel.
Además,
el complejo-militar industrial aumentará sus ganancias y su influencia.
Antes
los golpes de estado se daban con un tricornio y una pistola.
Ahora
se utilizan togas y diarios como El País, que defiende los intereses del Grupo
Prisa en Venezuela y, por eso, se muestra implacable con Zapatero, cuya labor
de mediador choca con las maniobras especulativas de las grandes empresas
españolas.
Las
democracias cada día están más huecas.
Ya
solo son escenarios donde se escenifica la ficción de la soberanía popular.
La
soberanía real está en manos de bancos, fondos de inversión, corporaciones y
megalómanos como Elon Musk.
Si la sociedad no reacciona, las
distopías de Orwell, Bradbury y Huxley pronto dejarán de ser inquietantes
fantasías para convertirse en espeluznantes realidades.
Rafael Narbona Monteagudo

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