Así aumentan la contaminación urbana los semáforos mal gestionados
La
contaminación urbana causada por el tráfico no solo depende del número de
vehículos: la composición de la flota, el tipo de vía, la ventilación urbana y
–de manera crucial– la gestión del tráfico influyen de forma significativa.
Además del CO₂, son contaminantes importantes el dióxido de
nitrógeno (NO₂),
el monóxido de carbono (CO) y las partículas finas (sobre todo hasta 2.5
micrómetros o PM₂.₅), que tienen efectos graves sobre la salud
respiratoria y cardiovascular.
Estas partículas provienen tanto
de emisiones directas —como el desgaste de frenos, neumáticos y la propia
combustión de los hidrocarburos— como de la resuspensión del polvo acumulado en
las calzadas.
Congestión urbana y emisión de
contaminantes
La
congestión urbana se produce cuando la demanda de tráfico supera la capacidad
de las vías.
Esto reduce la velocidad media,
aumenta el tiempo de viaje y eleva tanto las emisiones como el consumo de
combustible, especialmente cuando predominan las situaciones de paradas y
arranques (conocidas en inglés como stop-and-go).
En
escenarios con un volumen de tráfico similar, la fluidez del tráfico determina
el impacto sobre la calidad del aire.
Una gestión eficiente de la
circulación de vehículos puede reducir las emisiones tanto globales como los
picos de contaminación, aunque la magnitud de este efecto depende de factores
como la composición del parque móvil, la geometría urbana y la meteorología.
Intersecciones y semáforos
Las
intersecciones reguladas por semáforos suelen convertirse en puntos calientes
de contaminación, ya que concentran colas de vehículos, frenadas y arranques en
espacios reducidos.
El
número de paradas por vehículo y la variabilidad de la velocidad son
predictores relevantes de las emisiones.
Además,
las frenadas y los arranques repetidos aumentan la emisión de partículas por
desgaste de frenos y neumáticos, y favorecen la resuspensión del material
acumulado en la calzada.
En
algunos casos, soluciones como las rotondas o el calmado del tráfico —por
ejemplo, rugosidad en la calzada, barreras horizontales o elementos visuales en
los laterales— pueden reducir las paradas.
No obstante, su efectividad,
entre el 30 y el 60 %, depende del diseño urbano y de las condiciones de
seguridad vial.
Los ciclos de detención y
aceleración generados por semáforos no sincronizados, junto con una conducción
agresiva, pueden aumentar las emisiones hasta un 60 %.
Este
efecto resulta especialmente perjudicial en zonas urbanas densas, donde la
proximidad entre los focos emisores y la población expuesta incrementa el
riesgo sanitario.
Las concentraciones locales de NO₂ y PM₂.₅
pueden elevarse de forma considerable, con consecuencias graves para la salud:
exacerbación del asma, empeoramiento de la enfermedad pulmonar obstructiva
crónica (EPOC) y aumento del riesgo cardiovascular, especialmente en niños,
personas mayores y pacientes con enfermedades preexistentes.
Por tanto, la gestión del tráfico
no debe evaluarse solo en términos de capacidad viaria o tiempo de viaje, sino
también por su impacto sobre la exposición de la población a estos
contaminantes.
Monitorización avanzada y
semáforos inteligentes
Existen sistemas avanzados
capaces de medir la contaminación en tiempo real mediante cámaras de tráfico,
sensores ambientales y modelos de dispersión de contaminantes.
La
acumulación de contaminantes depende en gran medida de la morfología urbana: la
altura de los edificios, la presencia y forma de árboles y setos, la longitud
de las calles o su orientación respecto a los vientos dominantes pueden
favorecer o dificultar la dispersión.
Por ello, algunas vías e
intersecciones son especialmente sensibles a la concentración de contaminantes
emitidos por los vehículos. Los modelos que integran estos factores permiten
identificar puntos críticos donde la dispersión es baja y donde resulta
prioritario actuar para mejorar la fluidez del tráfico.
Estas
herramientas permiten detectar tramos e intersecciones en los que la conducción
con arranques y paradas genera emisiones mucho mayores que una circulación más
estable.
La monitorización
avanzada es útil para diseñar intervenciones de movilidad urbana, ajustar los
ciclos semafóricos, priorizar el transporte público y restringir el tráfico en
momentos críticos.
Así, no solo se identifica el
problema, sino que también se puede intervenir sobre los puntos más
problemáticos.
Los
semáforos inteligentes ajustan los tiempos de espera y circulación en función
de la demanda real de tráfico.
Estos sistemas pueden reducir las
emisiones al disminuir el número de detenciones, suavizar las aceleraciones y
mejorar la fluidez del tráfico. Esto también ayuda a reducir el consumo de
combustible.
Los
porcentajes de mejora varían según la ciudad y el tipo de vía.
Sin embargo, la principal ventaja
de los semáforos inteligentes es que reducen los episodios de conducción más
contaminantes: no solo agilizan el tráfico, sino que también mejoran su
eficiencia.
¿Y si no hay semáforos?
La eliminación de semáforos en
algunos entornos urbanos, como en la ciudad de Drachten, en Países Bajos, ha
mejorado la fluidez del tráfico y reducido las emisiones al eliminar
detenciones innecesarias.
Sin
embargo, esta solución no es aplicable a todas las ciudades ni a todas las
intersecciones.
Su
viabilidad depende de factores como la intensidad del tráfico, la velocidad de
circulación, la seguridad vial y la protección de peatones y ciclistas. Por
tanto, no puede afirmarse que eliminar semáforos reduzca siempre la
contaminación.
Lo que sí puede sostenerse es que
una gestión del tráfico adaptada al contexto urbano, con o sin semáforos, puede
mejorar la fluidez y reducir las emisiones.
En
definitiva, no solo importa cuántos vehículos circulan, sino también cómo lo
hacen.
La
forma en que se mueve el tráfico influye directamente en las emisiones de CO₂, NO₂, CO
y PM₂.₅, así como en la exposición de la población a estos
contaminantes.
Las intersecciones y los
corredores congestionados concentran tanto las emisiones como a las personas
expuestas.
Una gestión eficiente de los
semáforos puede ser clave para mejorar la calidad del aire y la salud pública,
además de optimizar la eficiencia del tráfico.
Enrique
Baquero
Arturo
H. Ariño
Jesús Miguel Santamaría Ulecia
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario