Cadaqués antes del turismo y de Salvador Dalí
El 25 de septiembre de 1668, de madrugada, Cosme III de Médici y su séquito alcanzaron la costa catalana. Su llegada se produjo tras haberse hecho a la mar en la ciudad italiana de Livorno, recorrer la costa tirrena, el mar de Liguria y el golfo de León.
El príncipe heredero de Toscana
emprendía de este modo un viaje –como parte de un periplo europeo más amplio–
por la península ibérica. Su intención era visitar las principales ciudades
españolas y portuguesas y, sobre todo, la tumba del apóstol Santiago en
Compostela.
Hoy
podemos recorrer el itinerario del príncipe toscano gracias, principalmente, a
la crónica oficial del viaje que escribió el conde Lorenzo Magalotti y a los 86
dibujos que realizó el arquitecto florentino Pier Maria Baldi sobre las
poblaciones visitadas.
Texto y vistas conforman el
volumen titulado Relazione ufficiale del viaggio di Cosimo III dei Medici,
custodiado en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia.
Una costa militarizada
Cadaqués,
en el extremo oriental del cabo de Creus, constituyó la primera parada
peninsular de las dos galeras del cortejo toscano. A ella le siguieron los
puertos de Roses y Palamós antes de desembarcar definitivamente en Barcelona
para continuar el viaje por tierra.
De la crónica de Magalotti se
deduce que la decisión de fondear en la bahía de Cadaqués vino dada por la
falta de viento, que aconsejaba hacer parada en este enclave, ubicado a los
pies del monte Pení y a resguardo de las corrientes del norte.
Su geografía abrupta y el difícil
acceso terrestre habían condicionado tanto su desarrollo económico como su exposición
constante a los ataques piratas, en particular por parte de corsarios
berberiscos. Estos seguían representando una amenaza significativa para las
poblaciones costeras catalanas a lo largo del siglo XVII.
Tras la guerra franco-española
llamada “de los Segadores”, un
tratado de paz obligó a ambas naciones a ceder territorios, lo que convirtió a
Cadaqués en una población casi fronteriza y con una guarnición militar
permanente. Según Magalotti, esto consistía en un batallón “de cien hombres que dependen del rey”.
La llegada a puerto de Cosme de
Médici fue saludada con cuatro disparos y contestada con tres. En la visita al
castillo, el príncipe reparó en que los soldados iban “medio desnudos” y muchos de ellos no tenían ni la vaina de su
espada, en “una clara señal de su extrema
mendicidad”. Por ello, Cosme acabó regalándoles doce piezas de paño.
El dibujo de Baldi
La
vista de Cadaqués realizada por Pier Maria Baldi está tomada desde el mar,
aunque adopta un punto de vista más elevado. Al tratarse de la primera
población en la que se detienen en terreno hispánico, el dibujo presenta la
singularidad de contener dos emblemas heráldicos.
Así se pueden ver el de la
monarquía de los Habsburgo en la parte superior izquierda, y el del Principado
de Cataluña en la parte superior derecha.
El
dibujo sitúa en primer término a una de las galeras con los remos desplegados y
el islote denominado “Es Cucurucut”.
En los extremos aparecen, de modo fragmentario, la proa de otro barco y otro
islote correspondiente al de S’Arenella. La población resulta fácilmente
reconocible, especialmente por el sector denominado “Es baluart” (el baluarte).
Su perfil ligeramente saliente lo
distingue y también los edificios que se levantan directamente sobre la
muralla, aún perfectamente reconocible y donde se observan algunas de sus
torres en pie.
Por su parte, la iglesia
parroquial, aunque identificable, aparece algo desdibujada debido a la ausencia
del campanario, que aún no se había construido y que hoy constituye uno de los
elementos más característicos del perfil de la población. Asimismo, todavía
faltaban cerca de cuarenta años para la ejecución de su retablo mayor,
considerado actualmente uno de los ejemplos más notables del barroco catalán
conservado in situ.
Ante el mencionado contexto de
inseguridad por los ataques corsarios, Cadaqués desarrolló un sistema defensivo
acorde con sus recursos. Aunque en el dibujo se distinga la torre del castillo
(hoy desaparecido) en lo alto del núcleo urbano, carecía de una fortaleza
monumental. Sin embargo, contaba con varias torres de vigilancia costera,
alguna de las cuales se distinguen en distintos puntos del horizonte.
A ambos lados del conjunto
amurallado y más compacto, se extienden sendos arrabales. Las pocas casas a
mano izquierda se corresponderían hoy con las de Port Doguer, mientras que las
situadas a mano derecha, donde se distinguen incluso algunas empalizadas en la
playa, hoy serían las del paseo marítimo que conduce a las playas de Es Poal y
Es Pianc.
De un lugar ‘miserable’ a icono de la Costa Brava
En su libro sobre Cadaqués, el
gran prosista Josep Pla señala de modo elegíaco que los pescadores solían
pintar sus embarcaciones de negro, en consonancia con la pobreza del lugar.
Esta peculiar situación de
aislamiento no fue incompatible con el comercio marítimo con ciudades como
Génova, Nápoles o La Habana, o incluso con el origen griego de algunos
pescadores y coraleros locales. La salida por mar era más fácil y natural que
por tierra, por lo que antes del siglo XIX, Cadaqués llegó a ser el segundo
puerto de la provincia de Girona en volumen de mercancías, solo por detrás de
Sant Feliu de Guíxols y por delante de Roses y Palamós.
A finales del siglo XIX, la
llegada de familias acomodadas y cultas, como los Pitxot, favoreció la creación
de un ambiente intelectual al que también contribuyeron notables locales como
los Rahola. Este contexto actuó como un poderoso foco de atracción para
artistas. Uno de los primeros en llegar fue Eliseu Meifrén, cuya pintura captó
numerosos rincones de la entonces solitaria belleza de esta villa marinera.
Con
el paso del tiempo, la población dejó de ser aquel lugar “miserable” descrito por Magalotti para convertirse, durante la
primera mitad del siglo XX, en una imagen icónica del paisaje catalán y en un
núcleo destacado de la vanguardia artística.
Sucedió especialmente en torno a
la figura de Salvador Dalí quien, aunque no nació en Cadaqués, pasó allí los
veranos de su infancia y la huella del paisaje definió su imaginario pictórico.
Más adelante, el artista adquirió y transformó varias barracas de pescadores en
la bahía cercana de Portlligat en su célebre casa-taller, hoy convertida en
museo y visitada anualmente por miles de personas.
La presencia de Dalí actuó como
un auténtico imán para otros artistas, intelectuales y creadores
internacionales. A lo largo del siglo XX, figuras como Pablo Picasso, Richard
Hamilton, Marcel Duchamp, Federico García Lorca y Man Ray, entre otros, pasaron
temporadas en Cadaqués o encontraron allí inspiración, consolidando su
reputación como enclave artístico.
En definitiva, aunque esta villa
marinera es de las más representadas en todo el paisajismo catalán, fue un arquitecto
florentino del siglo XVII el primero en plasmar la belleza y singularidad de su
paisaje.
Maria Garganté Llanes

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