Lo llaman polarización
Lo llaman polarización, pero la derecha extrema campa a calzón quitado.
En
un país polarizado, habría dirigentes del PP o Vox con gorra y mascarilla por
la calle o mujeres de ideología conservadora con miedo a volver a casa por si
la agrede un macarra a sueldo de sus oponentes políticos.
No
ocurre nada de eso, afortunadamente.
Lo que sí sucede es que los
fascistas campan a sus anchas y, si quieren atacar a quien piensa distinto, sus
partidos les arropan y hasta les aplauden. A alguno, hasta le subvencionan. No
sé qué notarán ustedes. Lo que noto yo es que lo llaman polarización porque
decir "Hola, somos la derecha y
vamos a calzón quitao" quedaba muy largo.
Les
enumero lo de la polarización, a ver si ustedes también lo notan. Cuando
Gabriel Rufián sale por Madrid, tiene que llevar gorra y mascarilla para que no
lo reconozcan porque le agreden físicamente. No digo que exista el riesgo de
que eso suceda; digo que ya le han dado de hostias.
Alguien
ha publicado los datos personales de Rita Maestre para que se le presenten en
casa puteros exigiendo sexo a cualquier hora del día o de la noche.
Sarah
Santaolalla ha necesitado escolta policial ante un acoso que ha llegado hasta
su domicilio.
Un
tipo está en prisión por planificar el asesinato de Pedro Sánchez. "Soy francotirador y con un tiro preciso se
acaba el Sánchez", dijo. Y lo decía en serio: poseía un arsenal de
armas de guerra.
Hay seis chavalotes imputados por
colgar de una soga, apalear y vejar un muñeco que representaba la figura de
Sánchez durante una manifestación frente a la sede de Ferraz. No sé ustedes,
pero yo empiezo a notar algo.
Si
nos vamos a los medios y a las redes sociales, nos encontramos con que el
cómico catalán Jair Domínguez está a la espera de juicio por una denuncia de
VOX por declarar que a los nazis se les combate con un puñetazo en la boca.
Tenemos
a Vito Quiles y a Ndongo, micro en mano, insultando y agrediendo más o menos de
tapadillo a políticos y periodistas que no comulgan con el ideario del PP o de
Vox.
También
están asociaciones y empresas como Desokupa, Hogar Social Madrid, Manos
Limpias, Abogados Cristianos o Revuelta.
Que si estética de banda
paramilitar, que si una esvástica por aquí, que si unas amenazas por acá, que
si unos dineros que eran para las víctimas de la dana se extravían en algún
punto entre los bolsillos de la chavalada voxera y Alfafar, que si dar de comer
al hambriento, pero solo si es un español de bien, que si atosigamos a
denuncias a quien no sea de nuestra cuerda.
La
loable tarea de estos tentáculos del PP y VOX no sería posible sin la
colaboración de la Justicia.
Seguro
que si escribo juez Peinado, jueza de la Kitchen, Victoria Rosell, Mónica
Oltra, Alberto Rodríguez o Álvaro García Ortiz, a todos nos viene la misma idea
a la mente.
Igual
no nos atrevemos a dejarla por escrito, porque lo mismo empapelarían a quien
dijese que hay jueces que no disimulan su fervor al eslogan el que pueda hacer,
que haga, y que abusan de su poder para que la Justicia se escore tan a menudo
hacia el mismo lado.
¿Notan hacia qué lado? Claro que
sí…justo ahí, a la altura del hígado.
Luego
están los representantes del PP y de Vox.
En
el PP, además de llamar hijo de puta al Presidente del Gobierno, orquestaron
una campaña con esos chistes de bully de patio de instituto que tanto les
gustan porque puta rima con fruta. Je. Qué chistosos. Como cuando llaman a
Pedro Sánchez “el galgo de Paiporta”.
Quienes seguimos las sesiones de
control al Gobierno soportamos los insultos y los bulos de Feijóo, Muñoz,
Tellado y Abascal en cada una de sus intervenciones. No presentan propuestas,
ni siquiera preguntan nada más allá de gilipolleces como “¿cuándo se marcha, señor Sánchez?”, supongo que sorprendidos de que
el Gobierno aguante otra semana tras la violencia que mandan desde distintos
sectores y en las más diversas formas.
El
propio Feijoo se enorgullece de los ataques de los suyos hacia los adversarios
políticos; hace unas semanas sacaba pecho en el Congreso mientras le espetaba
al Presidente: "Yo puedo salir a la
calle. Usted, no".
Una
declaración así hacia un contrincante al que han agredido en un acto público
junto a los Reyes y al que un hombre armado amenazó con asesinar, habría
llenado las portadas hace pocos años. Sin embargo, hoy tanto la violencia
física como la verbal pasa casi desapercibida porque el chaparrón de agresiones
es tal que es imposible responder a todo.
Y, si alguien lo hace, si uno de
los agredidos intenta defenderse, entonces entra la troupe de periodistas,
acosadores, contertulios e influencers a gritar que eso es polarización.
En
un país polarizado, habría dirigentes del PP o Vox con gorra y mascarilla por
la calle o mujeres de ideología conservadora con miedo a volver a casa por si
la agrede un macarra a sueldo de sus oponentes políticos.
No
ocurre nada de eso, afortunadamente.
Lo que sí sucede es que los
fascistas campan a sus anchas y, si quieren atacar a quien piensa distinto, sus
partidos les arropan y hasta les aplauden. A alguno, hasta le subvencionan. No
sé qué notarán ustedes. Lo que noto yo es que lo llaman polarización porque
decir "Hola, somos la derecha y
vamos a calzón quitao" quedaba muy largo.
Oti
Corona

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