Esto ya no va de Zapatero
No es que tuviera yo muchas dudas, pero por si alguna me quedaba, la manifestación de las derechas este sábado, el titular de El País el domingo y el que la extrema derecha, en comandita, se presente como acusación particular, me las aclaró todas: esto ya no va de Zapatero.
Esto va de otra cosa.
Que la extrema derecha ataque a
la democracia es ya un lugar conocido, quizá no tanto que las más de las veces
no lo hace con tanques, sino con corbatas, pero con la misma la intención:
llegar al poder, como sea, para cambiar las estructuras del Estado y garantizar
que las clases dominantes sean las únicas ostentadoras de ese poder y para su
beneficio.
En
cierta ocasión me lo dijo nítidamente un consejero del PP de Madrid, en la
etapa de Esperanza Aguirre (quien, por cierto, llegó al poder con el tamayazo;
yo sigo uniendo la línea de puntos).
Me
dijo que el que la izquierda gobierne en España es una anomalía, que lo natural
es que ellos tengan el poder, y lo hizo hasta con naturalidad, de tanto que se
lo creía.
Su familia
acabó condenada por corrupción.
Ahí lo dejo.
Lo
de PRISA cambiando su línea editorial aún más a la derecha es toda una señal y
aquí conviene detenerse, porque la obsesión del grupo con Venezuela huele,
desde lejos, a negocios que proteger.
Cuando
Ernesto Ekaizer habla de no perder de vista la conexión venezolana con la
agresividad en el caso Zapatero, sabe de lo que habla.
La obsesión de algunos con
Venezuela no es geopolítica, es portafolio de negocios.
Lula,
quien como ustedes saben fue condenado a años de cárcel con una acusación que
se demostró falsa, suele decir que en las campañas electorales no se enfrentó a
un partido de la oposición, sino a Globo, el conglomerado mediático más grande
de Brasil.
No pretendo, ni de lejos,
comparar a Lula con Zapatero, pero sí pretendo, y de cerca, comparar la
actuación de las extremas derechas porque la Internacional Reaccionaria existe
y copia hasta la mímesis su forma de actuar.
Cuando
atacan, lo hacen con una maquinaria de guerra mediática diseñada para la
búsqueda intencionada de argumentos con una conclusión previamente escrita:
solo ellos pueden gobernar.
Javier Alfaya lo bordó, con esa
pluma suya: “Esa necesidad de expulsar al
otro era una de las características más terribles del régimen. El núcleo de los
cristianos viejos, ese macizo central de la raza poseía y en buena medida sus
herederos lo siguen poseyendo, un sentido patrimonial de España”. Tal cual,
don Javier.
No
me malinterpreten, imagino que habrá agua en la piscina de Zapatero para que se
hayan lanzado en tromba, pero la dimensión del ataque a la izquierda, desde
hace años (Podemos lo sabe) no tiene que ver con que esa gente se escandalice
por un caso de corrupción.
Si
la corrupción casi la inventaron ellos.
Esto va de apropiarse del poder político
en España para las próximas décadas.
Como
norma general en la vida, y más en la política, donde esté un fascista o donde
esté Manos Limpias, servidora, enfrente.
Si
la acusación particular de un caso lo hacen las derechas y neofascistas todos
juntitos, el caso es lo de menos.
De lo que se trata es de otra
cosa: de echar a la izquierda del poder como sea y hacerlo de una vez para
siempre.
La
filósofa Donatella di Cesare acierta cuando define las formas del fascismo
contemporáneo más allá de sus formas históricas.
Ella
advierte, lúcida, que el neofascismo hoy actúa de forma más sutil y más
profunda que antaño: pretende la subordinación completa de la política a la
economía, y de la economía a la lógica del algoritmo, el cálculo y la
optimización sin fin.
A lo
que aspiran es a subordinar la política a los intereses privados de la economía
que, en el sistema capitalista, tiene nombres y apellidos.
Eso
es Trump y eso son las derechas en España.
Así que, sí, esto ya no va solo
de Zapatero.
Àngels
Barceló ha dejado la SER y en los mentideros se rumorea que lo hace por el giro
a la derecha que Oughourlian quiere darle a PRISA: dar ya por sentado el
triunfo de la extrema derecha en España, la que va a defender, supongo, sus
intereses como accionista privado de Indra y sus contratos militares.
Y en
eso no se equivoca, el fascismo es expolio. Quizá por eso el titular de El País
este domingo fue brutal: "El caso
Zapatero sacude un final de legislatura agónico".
Lo
es porque el núcleo semántico de la frase no es Zapatero, sino que el Gobierno
de coalición de izquierdas esté agónico: es decir, a punto de morir.
Menuda proyección.
Sigo
uniendo la línea de puntos: que el escuadrón de la derecha al pleno, con PP,
Vox y cinco asociaciones de extremísima derecha presentándose como acusación
particular, es a la vez tremendo y muy revelador.
Me
los imagino sonrientes, creyendo que esta vez sí que sí, esta vez les
destrozamos.
Por eso no tengo dudas, esto ya
no va de Zapatero: van a por todas y con todo.
Y aun así, si hay otra cosa de la
que tampoco tengo la menor duda es de que, a muchos y a muchas, nos tendrán
enfrente.
Marga
Ferré

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