Tenemos una alarma en casa y no lo sabíamos: cómo el wifi y el 5G ven sin cámaras
Cada
vez que nuestro teléfono se conecta al router de casa, algo invisible llena el
aire. Son ondas de radio que rebotan contra las paredes, los muebles y las
personas que habitan ese espacio.
Hasta
hace poco esas reflexiones se consideraban un problema, un obstáculo que
degradaba la calidad de la señal. Hoy los ingenieros e ingenieras de
telecomunicaciones han dado la vuelta al argumento: esos rebotes son, en
realidad, una fuente de información extraordinaria.
Gracias a ellos podemos encontrar
nuevas aplicaciones para las redes wifi y 5G.
Estas
redes no solo nos conectan al mundo digital. También son capaces de percibir el
mundo físico que nos rodea.
Es
lo que se conoce como Integrated Sensing and Communications (ISAC), que podemos
traducir como “comunicaciones y detección
integradas”.
No es ciencia ficción: se trata
de uno de los ámbitos de investigación más activos en telecomunicaciones y será
una de las piedras angulares del futuro 6G.
La analogía del radar: ver sin
ver
Para entender cómo funciona ISAC
pensemos en un radar militar. Un radar emite un pulso de energía, ese pulso
golpea un avión y regresa al emisor. Analizando el tiempo que tarda en volver y
cómo ha cambiado la señal podemos saber dónde está el avión, a qué velocidad
viaja e incluso inferir su tamaño.
El
wifi (y lo mismo ocurre con 5G) hace algo parecido, aunque de forma mucho más
sutil.
El router emite una señal
continua que se propaga por toda la vivienda. Cuando una persona camina por el
salón, su cuerpo absorbe y refleja parte de esa energía, alterando la señal que
recibe cualquier dispositivo conectado a la red. Esas alteraciones –diminutas,
pero medibles– son la huella que dejamos en el espacio electromagnético.
Con los algoritmos adecuados esa
huella puede interpretarse para conocer nuestra posición, nuestra velocidad e
incluso nuestra respiración.
Lo
interesante de ISAC es que la misma señal sirve para dos propósitos a la vez:
transmitir datos (páginas web, videollamadas, mensajes) y, simultáneamente,
actuar como sensor del entorno.
Sin hardware adicional. Sin
cámaras. Sin micrófonos.
¿De qué sirve todo esto?
La
primera y más intuitiva aplicación es que permite controlar la seguridad del
hogar sin sacrificar la privacidad.
Un sistema basado en wifi detecta
la presencia de un intruso sin necesidad de grabar imágenes ni almacenar vídeo:
sabe que alguien está ahí y no necesita saber quién. Esto abre la puerta a
soluciones de seguridad que los usuarios más reticentes a instalar cámaras
podrían aceptar de buen grado.
La
segunda aplicación tiene un componente profundamente humano: el cuidado de
personas mayores o con movilidad reducida. Sistemas experimentales ya son
capaces de detectar una caída en tiempo real y lanzar una alerta al instante.
También de monitorizar la
frecuencia respiratoria de un paciente durante el sueño sin que lleve ningún
sensor encima.
Fuera
del hogar, el potencial también es enorme. En el ámbito del transporte, las
estaciones base de 5G distribuidas por la ciudad podrían detectar peatones o
ciclistas ocultos tras un camión, alertando al vehículo antes de que el conductor
(ya sea humano o artificial) pueda verlos.
En entornos industriales, la
misma infraestructura que comunica a los robots en una fábrica podría vigilar
en tiempo real si un operario entra en una zona de riesgo.
El salto al 5G y la promesa del
6G
Las redes 5G multiplican el
potencial de la detección inalámbrica por varios motivos técnicos. Operan en
frecuencias más altas y utilizan anchos de banda mucho mayores, lo que se
traduce en una resolución temporal y espacial incomparablemente superior a la
del wifi doméstico. Si este nos dice que “hay
alguien en el salón”, el 5G puede llegar a decirnos dónde está esa persona
con una precisión de centímetros.
El futuro 6G llevará esta
capacidad aún más lejos, integrando la detección como una función nativa de la
red y no como un añadido. Se habla ya de redes capaces de construir gemelos
digitales del entorno físico en tiempo real: representaciones virtuales de
espacios que se actualizan al instante conforme cambia la realidad.
Un campo con mucha investigación
Como ejemplo relevante de
investigación en este ámbito cabe mencionar a NEXTONIC. Se trata de un
laboratorio de investigación e innovación abierta centrado en las
comunicaciones inalámbricas de próxima generación, con especial atención a la
integración de capacidades de detección en la propia infraestructura de red.
En este marco destacan dos
proyectos. En primer lugar, MultiX explora nuevas técnicas de transmisión y
detección simultánea sobre infraestructuras inalámbricas con el objetivo de
sentar las bases para los sistemas ISAC del futuro. Por su parte, PRIME-6G
aborda desde un punto más experimental soluciones 6G capaces de integrar la
comunicación y la detección.
Una tecnología con grandes
preguntas abiertas
Como
toda tecnología poderosa, ISAC también plantea interrogantes que la sociedad y
la comunidad investigadora deberán responder.
¿Quién
tiene acceso a los datos de detección?
¿Cómo
garantizamos que esta capacidad no se convierta en un instrumento de vigilancia
masiva?
Los investigadores del campo
trabajan en soluciones técnicas, pero el marco regulatorio y el debate público
son igualmente necesarios.
Lo que parece claro es que las
ondas que nos rodean cada día guardan mucha más información de la que
imaginamos. Aprender a leerlas con responsabilidad puede cambiar la forma en
que cuidamos nuestra seguridad, nuestra salud y nuestras ciudades.
Carlos Jesus Bernardos Cano
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