¿Pueden ver las plantas?
Decir que las plantas “ven” es una licencia poética.
Obviamente
las plantas no tienen retina, ni ojos, ni cerebro y, por tanto, no tienen el
tipo de visión que asumimos para otros organismos. Ahora bien, pensemos en una definición
amplia del término visión, esa que dice que es la capacidad mediante la cual un
organismo capta luz del entorno, la transforma en señales biológicas y la
interpreta para representar de manera útil el mundo que lo rodea.
En ese sentido, podríamos llegar
a convencernos de que las plantas “ven”.
La luz, mucho más que energía
Como
organismos fotosintéticos, las plantas son capaces de absorber y utilizar la
luz con una sofisticación y eficiencia extraordinaria.
Pero,
para ellas, la luz no es sólo la energía que alimenta la fotosíntesis, es
también información.
La luz es una señal ambiental de
primer orden sobre la alternancia día-noche, sobre si están rodeadas de
competidoras, cuándo deben germinar, abrir los estomas o en qué momento
conviene florecer, entre otras cosas.
La
clave de esta percepción está en los fotorreceptores, biomoléculas que
funcionan como sensores capaces de absorber luz y transformar esa información
física en respuestas biológicas. Hoy en día, se sabe que las plantas disponen
de fotorreceptores especializados en interpretar la información lumínica
asociada a rangos discretos de radiación electromagnética.
Esto implica que son capaces de
interpretar su calidad espectral, es decir, “perciben colores”.
Por
ejemplo, los fitocromos están especializados en percibir luz en la región del
rojo –longitudes de onda de luz entre 600 y 700nm– y del rojo lejano –entre 700
y 800 nm, justo fuera del rango de la luz visible para los humanos–.
Mientras,
los criptocromos y las fototropinas y receptores UV-B, son sensibles a la luz
azul y ultravioleta.
Los fotorreceptores en plantas no
se encuentran en estructuras organizadas, se encuentran en tipos celulares muy
diversos, que pueden encontrarse en todos los órganos.
Fitocromos: interruptores biológicos
de luz roja
Los fitocromos, una amplia
familia de fotorreceptores, están entre los mejor caracterizados. Se trata de
proteínas unidas una especie de “antena”
(cromóforo) capaz de absorber fotones en la zona del rojo y rojo lejano (entre
600 y 800 nm aprox.). La luz modula la actividad del fotorreceptor induciendo
cambios en el plegamiento de la proteína.
Se sabe que los fitocromos
existen en dos formas interconvertibles: Pr, que absorbe luz roja y Pfr, que
absorbe luz roja lejana. La luz roja convierte Pr en Pfr, la forma activa; la
roja lejana favorece el proceso inverso.
Cuando
el fitocromo está en su forma activa o Pfr, puede desplazarse desde el
citoplasma al núcleo celular. Una vez allí, activa o reprime la expresión de
una compleja red de genes que controlan programas de desarrollo.
De esta manera, actúa como un
interruptor reversible que informa a la planta sobre la calidad espectral de la
luz que la rodea. Este mecanismo de acción ilustra muy bien el funcionamiento
general de todos los fotorreceptores conocidos en plantas.
¿Cómo detectan las plantas a sus
vecinas?
Uno
de los aspectos más fascinantes es que las plantas pueden detectar a sus
vecinas en función del grado de sombreo utilizando como sensores a los
fitocromos.
Lo
logran midiendo la proporción entre luz roja y luz roja lejana.
La luz solar directa contiene
ambas, pero las hojas absorben mucha luz roja para la fotosíntesis y dejan
pasar o reflejan más luz roja lejana.
Así,
cuando una planta percibe una caída en la relación rojo/rojo lejano, interpreta
que hay otras plantas cerca. Esta lectura del ambiente activa el llamado
síndrome de evitación de la sombra.
La planta cambia su arquitectura:
alarga tallos, modifica la orientación de sus hojas y reduce la ramificación.
No está “pensando”, pero está tomando
decisiones de desarrollo. Su cuerpo se reorganiza para alcanzar la luz antes o
mejor que sus competidoras.
Esta
capacidad tiene enormes implicaciones agrícolas.
En un cultivo denso, por ejemplo,
las plantas invierten demasiada energía en competir por luz en lugar de
producir semillas, frutos o biomasa útil. Por eso, comprender los
fotorreceptores ayuda a seleccionar variedades más tolerantes al sombreado,
capaces de crecer en alta densidad sin activar en exceso respuestas de escape.
La luz marca su calendario
Además,
la luz a través de los fotorreceptores regula el calendario interno de muchas
especies.
El
cambio de proporción de luz roja/roja lejana en la transición luz-oscuridad
puede ser percibida por los fitocromos, lo que permite a las plantas medir la
duración relativa del día y la noche.
Gracias a ello, algunas especies
florecen cuando los días se alargan, otras cuando se acortan. De esa manera,
ajustan su ciclo vital a la estación más favorable.
La floración es un momento clave
de su ciclo vital y su éxito depende, en buena medida, de interpretar
correctamente qué condiciones ambientales son las más favorables.
Mirarlas con otros ojos
Si
este artículo ha llegado a ustedes, espero que haya contribuido a que “vean” a las plantas de otra manera,
digamos que con “otros ojos”.
Quizás ahora piensen que son más
que organismos pasivos expuesto al sol.
Las plantas exploran su entorno
luminoso, comparan señales, anticipan competencia y ajustan su desarrollo. Son
capaces de percibir un mundo de colores invisibles para nuestra experiencia
cotidiana. Para ellas, cada amanecer no solo trae energía: trae un libro de
instrucciones.
Antonio E. Encina García

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