España se va de 'minis'
Cuando mi pareja, que es griega, se vino a España cuando aún no había cumplido la veintena, vivía en la burbuja del mundo estudiantil, los campus y los botellones universitarios. Y uno de sus recuerdos más hilarantes, dice, es que los madrileños llamásemos "minis" a los enormes vasos de litro de cerveza.
Pura
ironía castiza.
Pero
más allá del centralismo cervecero, a lo que todos los españoles llamamos
"mini" en términos de
consumo es a lo realmente mini, o monodosis, o bite-size, que gustan de decir
ahora los más modernos.
Los
nuevos hogares (con menos miembros) y el aumento de personas que viven solas,
demandan un producto adaptado a ellos.
Y
los comercios han picado filón en el cambio demográfico.
Así
que ahora triunfan los briks de tomate frito para un solo plato de espaguetis,
las bolsitas individuales de mayonesa, aceite o ketchup, los pinchos de
tortilla al vacío, las raciones de seis gambas en un envase sellado y hasta los
botecitos de zumo recién exprimido para que tus naranjas no acaben llenas de
moho en la basura (por olvidar que las tenías en el frigo).
Eso sí, el precio por kilo de las
minidosis es bastante superior al del tamaño habitual. No es la compra más
económica... pero quizás sí la más necesaria.
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El refranero
español contiene un proverbio que dice algo así como que "lo bueno viene en frasco pequeño".
Esta expresión de la cultura
popular viene a resaltar que el valor, la calidad o la grandeza no depende
exclusivamente del tamaño físico. Quizá sea esta la máxima que los consumidores
españoles están siguiendo en los últimos tiempos en su apuesta cada vez más
firme por los productos en formato 'mini',
individualizado o de tamaño pequeño.
No
en vano, este tipo de envases se adapta a la perfección a los nuevos hogares,
al estilo actual de vida y además desempeña un papel clave para satisfacer
determinados caprichos que en otras circunstancias no nos podríamos permitir.
"El auge de estos productos responde a varios
factores", asegura Ana Isabel Jiménez Zarco, profesora de los Estudios
de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) experta en
tendencias de consumo.
"Por un lado, a un cambio sociodemográfico en
la estructura del hogar. Al haberse reducido el tamaño de la unidad familiar
(hogares unipersonales, familias monoparentales...) muchos hogares compran cada
vez formatos más pequeños", explica.
En
segundo lugar, señala Jiménez Zarco,
"el estilo de vida actual (vivir en
la ciudad, comer fuera de casa, el alto ritmo de vida...) nos ha llevado
también a cambiar nuestras rutinas de consumo e incluso de uso de los productos".
Existe además un tercer aspecto
relacionado con el placer puramente personal: "Es lo que se conoce como consumo de prueba o capricho asequible. Es
decir: no me llega el dinero para comprarme algo más grande pero sí para
adquirir lo mismo con un tamaño más pequeño".
Esta experta destaca que lo que
más valoran los consumidores de los formatos pequeños es su "comodidad para el transporte", que
puede convertirse en una herramienta para controlar el gasto, por lo que
permite a los ciudadanos "darse un
capricho a un coste menor", y que contribuye a evitar el desperdicio.
Miguel Ángel Ruíz, presidente de
la Asociación Española de Consumidores (Asescom), coincide con parte de este
análisis, aunque matiza algún aspecto: "Sin duda alguna evita un malgasto de alimentos, pero no hay que olvidar
que estos productos 'mini' conllevan un mayor coste y también suponen un
malgasto medioambiental en tanto en cuanto hay mayores gastos de empaquetado y,
por tanto, desde un punto de la sostenibilidad si genera un problema".
Una compra a la larga "más rentable"
No
obstante, Jiménez Zarco precisa que dependiendo del mercado o del tipo de
producto las razones del consumidor para elegir el envase 'mini' pueden cambiar.
Por ejemplo, no es lo mismo
comprar un bolso caro de un tamaño pequeño porque el grande no me lo puedo
permitir; que adquirir un caja de medicamentos pequeña para no tener que
llevarte el paquete grande y quedarte luego en casa con medicación que va a
caducar. "El consumo es muy
diferente. El segundo es un control de gasto. El primero es algo personal y el
tipo de consumo es hedónico".
En
cuanto al precio, si analizamos el coste que supone un producto por unidad o
por cantidad, resulta evidente que sale más caro comprar el formato pequeño que
el grande. Sin embargo, eso puede cambiar pasado algún tiempo: "El cliente está dispuesto a pagar esa
diferencia porque a la larga es más rentable. Sobre todo porque comprar en gran
volumen puede provocar que haya alimentos que no puedes consumir y acabas
tirando a la basura.
Igual te sale más caro por unidad comprada pero al
final lo acabas consumiendo. Aquí es el coste de oportunidad -la mejor
alternativa a la que renuncias cuando tomas una decisión- lo que hay que
valorar".
Este
nuevo modo de consumir no escapa a prácticamente ninguna categoría de producto,
aunque quizá sea el sector de la alimentación y de la perfumería y cosmética
donde más éxito tiene el formato pequeño.
Solo
hace falta darse una vuelta por cualquier supermercado para comprobar cómo
están modificando la oferta de sus lineales para dar entrada a productos 'mini' (monodosis, platos con raciones
individuales, on-the-go y formatos bite-size).
Una de las últimas cadenas en anunciar
novedades en este sentido ha sido Dia. "Estos productos trasladan categorías tradicionalmente familiares a
formatos más pequeños y funcionales pensados para quienes viven solos o en
pareja y buscan soluciones rápidas, cómodas y adaptadas a su consumo real,
facilitando un mejor aprovechamiento de los alimentos en el día a día",
ha indicado la compañía.
F. P.
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