Trabaja, produce, enferma… y sigue trabajando
Reflexión sobre la propuesta con la que la Generalitat
catalana pretende incentivar a los centros de salud que acorten las bajas
laborales: "Queda claro que los
empresarios presionan con la ayuda inestimable de sus amigos en los gobiernos que
dicen ser de izquierda".
El pasado 15 de febrero
supimos, a través de la prensa, que el Departamento de Salud de la Generalitat
de Catalunya prevé condicionar el presupuesto de los Centros de Atención Primaria
(CAP) a la duración de las bajas médicas que concedan.
La propuesta, comunicada a los
CAP, implica una suerte de estímulo económico, calculado en el 5% de los
recursos asignados, si los médicos de los centros evitan que las bajas de salud
mental o de lesiones osteomusculares se prolonguen “más de lo debido”.
Una medida que pone la presión en el colectivo médico, ya
de por sí sometido a condiciones laborales estresantes que lo han llevado esta
semana a convocar huelga en todo el Estado.
Este “más de lo debido” condensa toda la lógica de funcionamiento del
capitalismo: la clase trabajadora no puede enfermarse “más de la cuenta” pues el tiempo es oro.
El sistema necesita cuerpos sanos, fuertes, útiles para que
la maquinaria de la producción siga funcionando, a costa de la salud –nunca
mejor dicho– de quienes sólo tienen su fuerza de trabajo y, por tanto, su
cuerpo y su mente, para poder subsistir en este sistema.
Como se han encargado de
recordarle estos días a la consellera Olga Pané, médico especialista en
Medicina del Trabajo, máster en gestión hospitalaria por la Universitat de
Barcelona, diplomada en gestión de hospitales por ESADE y responsable última de
esta propuesta, la administración de un ente público, y mucho más de uno que
tenga en sus manos la gestión de la salud de los ciudadanos, no debería guiarse
bajo criterios empresariales de costo y beneficio.
Sin embargo, esta propuesta, por lo demás de una
Generalitat gobernada por el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), no es
una decisión improvisada o un simple globo sonda. Supone una línea de
continuidad en el Departamento de Salud, encabezado por Pané.
Ya en diciembre de 2025 la CGT
Catalunya denunció la campaña iniciada por dicho departamento para que la clase
trabajadora hiciera “buen uso” de las
bajas médicas.
Como explicaba el sindicato,
la Generalitat no sólo criminalizaba a los más débiles, sino que trasladaba
implícitamente la responsabilidad a los trabajadores enfermos y a los médicos,
a la vez que desviaba la atención de las causas estructurales detrás de la
enfermedad: las condiciones de vida y las condiciones de trabajo.
CGT recordaba, por ejemplo, cómo el aumento del 20% en las
bajas médicas de Catalunya se debía, en buena medida, a la salud mental.
Y daba datos alarmantes sobre cómo la juventud trabajadora
del Estado, con condiciones estructurales de precariedad laboral, con bajos
salarios, 36% de sobre cualificación, contratos temporales y a tiempo parcial,
concentraba el 32,5% de las bajas laborales, con un “incremento significativo de las bajas por problemas de salud mental,
como estrés, ansiedad y depresión”.
Una juventud trabajadora que
ve cómo su formación –universitaria o no universitaria– no garantiza una
inserción laboral que asegure unos ingresos mínimos para poder afrontar los
precios desbocados de la vivienda, además. Pero la juventud trabajadora no es
la única que padece la presión de un sistema enfocado a maximizar beneficios
exprimiendo el tiempo, es decir, la vida, de la fuerza de trabajo.
Estamos ante un problema que afecta a la clase trabajadora
en su conjunto.
Si los cuerpos y las mentes
jóvenes no aguantan una presión que no sólo es del ámbito laboral, pero que
pasa por él, ¿qué se puede esperar de quienes llevan décadas de desgaste?
Pues que se incrementen las
enfermedades, en términos globales, pero que también, como muestran datos de la
Encuesta de calidad y condiciones de trabajo 2025 de la Generalitat de
Catalunya, el presentismo, esto es, el asistir a trabajar a pesar de estar
enfermo, se imponga.
Así, el 51,3% de la clase trabajadora catalana declara
haber ido a trabajar enferma en los últimos doce meses. Un presentismo que
tiene mayor incidencia entre mujeres y las personas con bajos niveles
formativos, así como en sectores como la hostelería, educación, agricultura,
servicios sociales o actividades sanitarias.
A pesar de ello, y de todos
los mecanismos de presión que tiene la patronal en su relación de fuerzas
asimétrica con la clase trabajadora para hacer que ésta anteponga los
beneficios empresariales a su bienestar, los empresarios consiguen posicionar
su queja sobre el aumento del absentismo laboral.
La prensa nos recuerda que las empresas están introduciendo
“cláusulas antiabsentismo” para dar
incentivos a las personas trabajadoras que no hagan uso de su derecho a ir al
médico y evitar así las ausencias en el centro de trabajo. Queda claro que la
salud laboral es una molestia para los empresarios, un estorbo que les hace
perder dinero, que es lo único que les importa al final.
Pero también queda claro que, en esta ofensiva patronal,
los empresarios presionan para echar por la borda derechos adquiridos por la
clase trabajadora a lo largo de décadas de lucha, con la ayuda inestimable de
sus amigos en los gobiernos que dicen ser de izquierda y que, paradójicamente,
reciben el voto de esa clase trabajadora a la que venden cuando llegan a
posiciones de poder.
El punto del debate, por
tanto, no es el absentismo laboral, ni las bajas que se extienden “más de lo debido”, sino por qué tantos
trabajadores acaban yendo a trabajar, incluso enfermos, ante un sistema que los
usa y los desecha cuando son inservibles.
Por qué las administraciones
públicas han permitido que exista un sistema de mutuas privadas decidiendo por
la salud de la clase trabajadora, y organismos siniestros como el Instituto
Catalán de Evaluaciones Médicas (ICAM), capaces de negar la incapacidad laboral
a personas con cáncer metastásico.
Y, no, no es un caso aislado.
Plataformas como la PAICAM llevan años denunciando estos
abusos en Catalunya. Una realidad que, por desgracia, no es exclusiva de este
territorio pues atiende a una lógica capitalista global.
El mensaje que envía el
capitalismo a la clase trabajadora es claro: trabaja, produce, enferma, sigue
trabajando y muere. Pero no te enfermes antes de la cuenta, espérate a la
jubilación.
Si te mueres justo después de la jubilación mejor que
mejor, es más, le haces un favor a las “arcas
del Estado” porque ya sabemos que los jubilados viven a tutiplén a costa de
los pobres jóvenes que no se pueden emancipar por su culpa, como nos repiten
algunas jóvenes en los medios, la prensa y hasta en libros, en un mensaje que
no sólo no cuestiona, sino que legitima, el orden del capitalismo.
Estamos en tiempos en que
recordar cosas básicas se hace vital.
La explotación en el trabajo y
la precariedad laboral enferman.
La clase trabajadora tiene derecho –al menos hasta ahora en
el territorio en el que se escriben estas líneas– a no ir a trabajar si no está
en condiciones de hacerlo. Por tanto, no hay un problema de absentismo laboral
sino de trabajadores que enferman por culpa del trabajo y que, a pesar de ello,
siguen yendo a trabajar.
Las bajas o incapacidades
temporales, como puntualiza el abogado laboralista Vidal Aragonés, del
Col·lectiu Ronda: “son el ejercicio de un
derecho y de una obligación que suspende el contrato de trabajo y la relación
laboral a efectos de que la persona trabajadora pueda recuperarse de una
situación que justifica su ausencia en el trabajo”.
Y el ejercicio de este derecho
no debería ni cuestionarse ni limitarlo presionando, todavía más, a las
personas trabajadoras y a los facultativos médicos.
Tome nota, señora Pané, gracias.
Arantxa Tirado
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