Los no creyentes son mayoría en España por primera vez
Salvo en Andalucía, los no creyentes
son mayoría en España por primera vez
Aunque
se sigan celebrado funerales católicos, como acabamos de comprobar con las
víctimas del accidente ferroviario en Adamuz, y la iglesia católica siga
manteniendo privilegios propios del régimen dictatorial -como no pagar el IBI,
impuestos sobre el patrimonio o impuestos sobre legados y donaciones-, lo
cierto es que por primera vez en siglos, según el Barómetro sobre Religión y
Creencias, la ciudadanía no creyente es mayoría en España, salvo en la
comunidad autónoma de Andalucía donde el número de católicos llega al 57 por
ciento.
Al
otro extremo se encuentra Cataluña, donde se registra el porcentaje más bajo
(37 por ciento). Hace 25 años, el 83 por ciento de los españoles se declaraban
católicos y sólo el 8,7 por ciento de la población se consideraba no creyente.
Los no creyentes ahora suman el
51 por ciento, mientras el 49 por ciento dice creer en alguna confesión
religiosa.
España acaba de cruzar un umbral
sin precedentes.
Por primera vez en su historia,
los no creyentes superan al número de personas religiosas. Y no es un dato
menor en un país sometido a la hegemonía católica desde hace más de cinco
siglos y al islam en el periodo andalusí. Eso, al menos, certifica el informe
del Barómetro sobre Religión y Creencias en España, publicado el mes pasado por
la Fundación Pluralismo y Convivencia, dependiente del Ministerio de la
Presidencia.
El análisis se sustenta en 4.742
entrevistas personales, 744 en Andalucía, y consolida una clara tendencia
sociológica de creciente pérdida de influencia de las religiones tradicionales
en beneficio de la secularización y el surgimiento de las espiritualidades
alternativas. Baste recordar que hace apenas 25 años, más del 83% de los
españoles se declaraban católicos y los no creyentes solo representaban un 8,7%
de la población. Los ateos entonces rozaban el 5% y las religiones minoritarias
sumaban un exiguo 1%.
En
solo un cuarto de siglo, el panorama ha cambiado radicalmente. En un extenso
informe de 152 páginas, plagado de indicadores sobre espiritualidad y religión,
el Barómetro acredita que los no creyentes ya suman el 51% de la población
frente al 49% de las personas que se consideran fieles de alguna confesión.
Las mujeres (52%) son más
religiosas que los hombres, mientras que los jóvenes (33%) se alejan
progresivamente de las creencias tradicionales frente a los mayores de 65 años
(56%).
El
catolicismo cae a su peor registro histórico (46%), mientras que las
confesiones minoritarias siguen creciendo (8%) y los indiferentes, agnósticos y
ateos alcanzan ya el 42%.
El proceso de secularización, sin
embargo, no es homogéneo. Cataluña (31%), País Vasco (34%) y Asturias (39%)
encabezan la caída de la hasta ahora confesión mayoritaria, que se sostiene
gracias al gran número de fieles que aún conservan en Andalucía (57%), Castilla
La Mancha (57%) y Castilla y León (56%).
El
informe del Barómetro sobre Religión y Creencias no desagrega los datos
provinciales, pero el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sí lo hace.
Y en su estudio estadístico de
diciembre pasado señaló que el 58,3% de los cordobeses aseguran profesar la
confesión católica, cinco puntos y medio más que la media nacional. Córdoba,
por lo tanto, es una de las provincias con mayor arraigo religioso de toda
España.
El
estudio también recoge otras variables sociológicas significativas que definen
el perfil del creyente. Las creencias religiosas tienen mayor anclaje entre la
población sin estudios o con niveles básicos (68%) al tiempo que decaen entre
los universitarios (44%).
La derecha concentra un mayor
número de católicos (69%), por encima del centro ideológico (55%) y la
izquierda (30%).
En sus conclusiones, el Barómetro
subraya la práctica división a partes iguales de la población española entre
creyentes (49%) y no creyentes (51%). Y describe un “paisaje religioso fragmentado y en transición”, que se caracteriza
por el “declive de las formas religiosas
tradicionales y el surgimiento de creencias difusas, espiritualidades
heterodoxas y formas híbridas de pertenencia”.
El
45% de las personas consultadas creen en la existencia del alma y un 40%
admiten la realidad de las “energías”.
La
vida después de la muerte cobra veracidad para el 35% de los encuestados,
mientras que un 25% creen en los ángeles y un 24% en los milagros.
En Andalucía, todas estas
categorías cuentan con cuatro o cinco puntos porcentuales más, en consonancia
con un sentimiento de religiosidad mayor.
En
general, la religión ha perdido peso en la escala moral del individuo.
Para
la mayoría de las personas, la familia (90%) es el elemento decisivo que le da
sentido a su vida.
Le
sigue la amistad (79%) y el crecimiento personal (78%).
Hasta las mascotas (47%) se han
colocado en un lugar de prioridades superior a la religión (31%).
También
la práctica religiosa ha decaído notablemente.
La
población que no va nunca a misa se sitúa ya en el 43%, frente a los que lo
hacen habitualmente (18%), de forma mensual (7%) o alguna vez al año (15%).
En Andalucía, el índice de
desapego a la liturgia católica es cinco puntos inferior a la media nacional.
En otras confesiones, la práctica religiosa es casi veinte puntos superior.
De este macro estudio de la
Fundación Pluralismo y Convivencia, se deducen algunas premisas concluyentes, a
juicio de Mar Griera, catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de
Barcelona. “España ya no es un país de
mayoría católica”, asegura contundente en un análisis publicado en la web
de la Fundación. Pero matiza: “Tampoco es
un país completamente secularizado”.
En
opinión de Griera, y pese a la apariencia de los datos, la sociedad española ha
avanzado hacia una realidad de “mayor
complejidad” donde el marco religioso ya no puede describirse en “términos binarios católico-ateo” sino
que expresa una situación “fragmentada”.
Por ejemplo: un 26% de quienes dicen pertenecer a una religión no se consideran
personas espirituales o interesadas en lo sagrado.
“Es decir, muestran adscripciones a la religión de corte cultural e
identitario más que vinculadas a la experiencia cotidiana de la fe religiosa”,
sostiene la catedrática.
De la misma manera, abunda la
socióloga, “no ser miembro de ninguna
confesión religiosa no te convierte automáticamente en ateo. Un 40% de los
agnósticos afirman confiar en algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital
y un 16% cree en el poder de la naturaleza y la madre tierra”. En todo
caso, bajo el prisma de Griera, la secularización “avanza de forma gradual y continuada”, pero no es un “proceso uniforme”.
Para el cordobés José Antonio
Naz, presidente de Europa Laica, los datos del Barómetro confirman una
tendencia imparable puesta de manifiesto en múltiples ocasiones por su
organización. “España está secularizada”,
asegura en conversación telefónica. “Ya
quedan muy pocos católicos practicantes, aunque hay un repunte de creyentes
musulmanes y evangélicos debido a la inmigración”, explica. El último CIS
sitúa la tasa de católicos practicantes en un 18%.
La razón por la cual Andalucía
sigue siendo la locomotora que tira del menguante tren del catolicismo, a ojos
de Naz, es el poder de las tradiciones y las fiestas populares. “El fenómeno de las procesiones está siendo
utilizado por la jerarquía católica”, sostiene el representante laicista.
De hecho, el número de eventos católicos en Córdoba ha experimentado cifra
récord en 2025, según datos municipales difundidos por Cordópolis. Nada menos
que 879 ocupaciones religiosas de la vía pública, a razón de 17 cada semana,
han sido registradas el pasado año en un fenómeno de explosión cofrade sin
precedentes.
El
desplome del catolicismo en España, más de 30 puntos en solo 25 años, no ha
erosionado el poder social, político y económico de la Iglesia, que mantiene
intactos sus privilegios históricos, a juicio de José Antonio Naz. “Es paradójico que el poder de la Iglesia
todavía se percibe por todas partes y se sigue funcionando con esquemas de la
tradición católica”.
En su opinión, el Gobierno
debería profundizar en la laicidad del Estado, tal como estipula la Constitución
española. “Los datos del Barómetro dan
más razones al Gobierno para cambiar sus vínculos con la Iglesia”, remarca.
El presidente de Europa Laica
subraya, sobre todo, la caída en picado del catolicismo entre los jóvenes, cuya
tasa de religiosidad apenas supera el 20%. “No
hay vuelta atrás”, sentencia Naz. Y, sin embargo, “se están inflando los conciertos educativos” con las órdenes
religiosas, cuyo catolicismo es “cada vez
más conservador”, alerta.
Aristóteles Moreno
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