La izquierda se va por el desagüe porque se esconde
La izquierda se va por el desagüe porque se esconde, no habla claro, tiene miedo de asustar u ofender.
Y culebreando es como no se le
entiende, no atreviéndose cuando tiene poder es como fueron desapareciendo los
partidos socialdemócratas.
Lionel Robbins dijo que la
economía aparece cuando los recursos no son suficientes para todas las
pretensiones y hay elegir cómo gastar esos recursos insuficientes entre varias
opciones. Por eso se asoció la economía con la gestión de la escasez.
La cuestión es que hay que elegir entre distintas formas de
organizarse y que hay que gestionar los desacuerdos. Una sociedad tiene que
juntar recursos para asuntos comunes. La forma de juntar esos recursos y la
relación entre los recursos (ingresos) y gastos es la política.
Es política, por ejemplo,
decidir que la gente tiene derechos, que hay juntar recursos para los servicios
que los gestionan y que en la forma de juntar los recursos los que tienen más
tienen que poner más, y así se redistribuye la riqueza.
Es política porque otros dirán
lo contrario.
Como la economía, la política gestiona la escasez, hay que
tomar decisiones sobre cómo convivir. En política no se hace ni se dice nada si
no estás contradiciendo y molestando a alguien. Decir que tenemos que ser menos
egoístas y pensar en los necesitados no es política, porque eso lo puede
suscribir el secretario de CCOO y Florentino Pérez.
Si no llevas la contraria a alguien, si no molestas a
alguien, no estás haciendo política. Y la izquierda de poder tiende a no
molestar a nadie.
Por ahí va lo de ser reconocibles. Impuestos, por ejemplo.
La izquierda los tiene que reivindicar, pero no como un mal
que te hago para que tengas médico y perdonen las molestias. Cuando llega la
campaña del IRPF, la izquierda tiene que saludar el momento como fiesta de la
democracia, como momento en que los que tienen más tienen que repartir para que
todos tengamos médico, es el momento en que nos hacemos una sociedad donde nos
protegemos unos a otros (patria, quizás) y no una tierra salvaje de bandas.
Tiene que llamar infierno fiscal a esas sociedades de ricos
en palacios y niños pobres viviendo entre charcos; y paraíso fiscal a esas
sociedades con parques, escuelas y hospitales.
La izquierda tiene que proclamar que no se puede arreglar
el problema de la vivienda sin conflicto. Cuando se llega al punto de trabajar
para el casero, se está conculcando un derecho de más jerarquía que cualquier
derecho a la propiedad.
Con la Constitución en la
mano, se puede recurrir a impuestos que golpeen el uso de los pisos para algo
que no sea vivir en ellos y se puede recurrir a expropiaciones.
Y eso debe estar encima de la
mesa.
Y vendrá el conflicto y en
medio del ruido seremos reconocibles unos y otros y así no será tan fácil el
bulo de que no hay pisos porque se los dan a los inmigrantes. La izquierda huye
de que la llamen comunista.
Y lo cierto es que no tiene
por qué esconder que para ella el capitalismo se parece al héroe Blade, mestizo
entre vampiro y humano y que con sus poderes de vampiro protege a los humanos.
Pero se chuta un suero para calmar la apetencia de sangre y así no matar
humanos como los vampiros.
Hay algo malo dentro de mí, le
explica a una niña que lo mira chutándose el suero.
El capitalismo, incluso en las
sociedades más justas, tiene algo malo dentro de sí. Necesita un suero, un
estado que intervenga y corrija, para que no devore la sangre de la gente. ¿Se
imaginan a Sánchez proclamando esta evidencia, que está en su ideario? ¿Y a
Barbón? Al final el malismo se evapora cuando se pasa del videojuego a la vida
real.
Los asesinatos de Minneapolis
impresionaron, la medalla de Ayuso por la defensa de la hispanidad a quien
envía bandas a matar a quien hable en español es una estupidez que puede acabar
no cotizando.
Al final la gente quiere tener
médico.
No es fácil saber qué hay que hacer, pero sí por dónde hay
que empezar: claridad, contundencia y ser reconocible.
Enrique del Teso
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