¿Suenan mejor los vinilos que otro tipo de formato de reproducción de música?
Hace unas décadas parecía que
los discos de vinilo habían desaparecido de nuestras vidas. En un entorno
digital –con dispositivos para escuchar música que van desde los CDs a las
plataformas de streaming–, los requerimientos (de tiempo y espacio) que exigía
la música analógica parecían condenar a los vinilos a su desaparición.
Pero han vuelto o, en cierta medida, su vuelta demuestra
que nunca se habían ido. Actualmente son el mayor referente del resurgimiento
de lo analógico y muchos defienden su existencia por encima de cualquier otra
opción.
Pero la gran pregunta sigue en el aire: ¿realmente suenan
mejor los vinilos que la música digital?
Proceso de grabación: vinilo vs. digital
Para responder, veamos primero cómo se registra la música
en un vinilo y en un sistema digital.
En los discos, el sonido se graba en un surco en espiral
que se extiende desde el borde exterior hasta el centro del disco. Los surcos
tienen forma de “V”, lo que permite almacenar la información en estéreo, ya que
cada canal se graba en una de las paredes de esa “V”. Los surcos deben ser poco
profundos para evitar problemas mecánicos, como perforaciones o movimientos
bruscos que hagan saltar la aguja.
Estos surcos registran
variaciones microscópicas proporcionales a la presión del sonido original. Sin
embargo, antes de grabarla, la señal musical se modifica: se reducen los
sonidos graves y se amplifican los agudos. Esto se realiza para adaptarse al
funcionamiento de la aguja.
Por eso, los tocadiscos incluyen un circuito que invierte
este proceso: se amplifican los graves y se atenúan los agudos.
Almacenar audio en formato
digital, como puede ser un CD, es muy diferente. La señal analógica no se
guarda de manera continua, sino que para “representarla” se obtiene un
determinado número de muestras del audio.
En el caso de los CDs hablamos de 44 100 muestras por cada
segundo. Tras esto hay que cuantificarlas, es decir, aproximar el valor de la
muestra a los valores del conversor A/D (analógico-digital), para que este le
asigne un código binario. Este valor se asigna usando 16 bits por muestra, lo
que significa que disponemos de todas las combinaciones posibles de esos 16
bits. Esto se traduce en 65 536 valores.
Estos valores cumplen las
condiciones necesarias para que se reproduzcan correctamente todas las
frecuencias que el oído humano percibe.
Sin embargo, este proceso no es perfecto y produce un
pequeño error que se manifiesta como un leve ruido añadido a la señal original.
Los estudios de grabación
utilizan formatos de audio profesional con más calidad que los de los CDs. Para
esto, usan una frecuencia de muestreo mayor y más bits por muestra (24bits).
Así, consiguen una representación más precisa de la señal y reducen el ruido
introducido durante la conversión digital.
Sin embargo, estos archivos
requieren mucho más espacio de almacenamiento y no son prácticos para su uso
doméstico. Por ello, se adaptan para que en un CD se puedan almacenar unos 80
minutos de música (aproximadamente 15-20 canciones).
Otros formatos de grabación y
reproducción de música, como el popular MP3, son modelos de representación del
audio con pérdidas.
Esto significa que se elimina
parte de la información original del sonido para que ocupe menos espacio. Por
ello, su calidad siempre va a ser inferior a la de los vinilos y CDs.
Las plataformas de streaming usan esos modelos con el
objetivo de que las canciones carguen más rápido y consuman menos datos.
Calidad de sonido en casa: ¿vinilo o CD?
Para comparar de forma justa, en un entorno doméstico, qué
formato sonaría mejor entre un disco de vinilo y un CD utilizaremos el mismo
equipo de reproducción, compatible con ambos, y asumiremos que los dos están
recién comprados.
En este escenario, el vinilo
ofrecerá mejor sonido. Será más limpio, libre de ruido de muestreo o
cuantificación, y con un rango de frecuencias completo. Aunque parte de estas
frecuencias no son audibles, en determinados espacios sí tienen efecto en la
percepción del sonido. Además, el vinilo aplica un proceso de ecualización
propio que aporta un carácter particular distinto al del formato digital.
De hecho, muchos sistemas de grabación digital actuales
incluyen complementos o plugins que imitan esta característica sonora de los
vinilos.
Además, el equipo utilizado para reproducir vinilos puede
incluir amplificadores de gran calidad, incluso, en algunos casos,
amplificadores de válvulas. Aunque estos últimos generan cierta distorsión, se
considera que aportan calidez al sonido, haciendo su escucha más agradable.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el vinilo pierde
con el uso, por desgaste. También el CD, si no es original o se ha conservado
mal, puede dañarse y sufrir fallos en la lectura de las muestras digitales, lo
que influye en la calidad del audio e incluso llega a provocar interrupciones
en la reproducción.
Depende de la audiencia
Al llevarlo a ejemplos concretos, existen pequeños matices en
los que se pueden diferenciar ambos sonidos.
Si pensamos en una guitarra
acústica, en el CD habrá un silencio absoluto antes de que empiece a sonar,
mientras que en el vinilo se percibirá primero un ligero sonido de fondo que
proporciona calidez.
De igual forma, en el vinilo el roce de los dedos del
guitarrista contra las cuerdas se escuchará dulce y aterciopelado, mientras que
en el CD será más agudo, dado que reproduce el sonido sin ningún tipo de
suavizado y resulta más metálico.
Aunque en el caso de la música
digital en streaming o CD, a menudo la audiencia no se preocupa por estos
elementos, en este aspecto gana de nuevo el vinilo.
No obstante, hay que recordar que el audio digital ofrece
una calidad constante. Además, es fácil de transportar y almacenar, mientras
que los vinilos se deterioran con cada reproducción y requieren más espacio y
cuidados para su conservación.
Sin embargo, no podemos negar
que estos ofrecen un sonido más cálido y completo que el formato digital.
Tal vez por ello sigan atrayendo tanto a nostálgicos como a
nuevas generaciones.
Ana María Barbancho
Perez
Isabel Barbancho
Lorenzo José Tardón García
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