La FAPE y sus códigos y la justica y sus dos velocidades
Vivimos en la España del VAR, ese sistema de arbitraje indescifrable –o quizá demasiado evidente– mediante el cual hay veces que se acude con celeridad a ver la cámara lenta de un roce dudoso, mientras otras se permite que una patada en la cara quede sin sanción.
El pasado domingo, el rey Juan
Carlos era ovacionado en una plaza de toros. Si hubiese aparecido por los
alrededores Begoña Gómez, nadie duda de que los taurinos la hubieran abucheado
al grito de corrupta sin conflicto interno. No ha robado, pero su secretaria
envió algunos mails personales ajenos a sus funciones. Mientras que el rey y el
novio de Ayuso entran y salen de España, sabemos que a Gómez se le ha
solicitado la retirada del pasaporte.
La FAPE (Federación de
Periodistas de España) ha denunciado públicamente al presentador de TVE Javier
Ruiz por haber vulnerado el código deontológico de este santo oficio. La
noticia corre como la pólvora por las redacciones del país. ¿Qué un periodista
ha incumplido el código deontológico? A ver si Iker Jiménez hace un especial,
porque lo paranormal del caso lo merece.
Todo sucedió la mañana del
pasado 29 de agosto cuando el nefasto profesional intentó rebatir desde la
cadena pública los argumentos de Vox, favorables al hundimiento de barcos
humanitarios como el OpenArms porque los inmigrantes a los que rescatan en alta
mar vienen a España a violar. En realidad, dijo el periodista mintiendo cual
bellaco, nueve de cada diez casos los protagonizan españoles.
La cifra real, la contrastada
según la propia investigación realizada por la FAPE, es que los delitos
sexuales cometidos por españoles en los últimos años no suponen el 90%, sino
simplemente el 82%. Es decir, que no eran nueve de cada diez españoles los
violadores como aseguraba Javier Ruiz, sino 8,2.
Hay que ser Ruiz, que diría
Rajoy.
Un error porcentual que no
debe quedar sin su correspondiente escarnio público si queremos que el periodismo
español siga siendo reconocido por su pulcritud. ¿Mintió Javier Ruiz? Lo hizo y
Baratito Quiles y demás defensores del buen hacer de este oficio lo celebran
esperándolo a las puertas de su casa.
Periodismo de investigación, podría llamarlo la FAPE.
¿Qué es de un país si el
engranaje de sus piezas fundamentales no funciona correctamente? El periodismo,
al que ese error del 8% cometido por Javier Ruiz ha estado a punto de mandar al
descrédito, es una de esas piezas. Otra es la Justicia, que estos días celebra
dos importantes juicios.
Por un lado, el que sienta en
el banquillo al exministro socialista José Luis Ábalos por el caso mascarillas,
una supuesta trama de cobro de comisiones en la compraventa de material
sanitario durante lo peor de la pandemia. Ojalá caiga sobre él todo el peso de
la Ley, ha declarado el hermano de Isabel Díaz Ayuso, a lo que el novio de la
presidenta ha apostillado: amén.
Por otro lado, tenemos el
juicio al caso Kitchen. Ya saben. El supuesto uso de instrumentos del Estado
por parte del PP para destruir pruebas de su propia corrupción, incluyendo la
creación de una “policía patriótica”.
Policía que, como su propio nombre indica, trabajaba en favor de los corruptos.
La suerte ha querido que ambos juicios coincidan en el tiempo, y ya es
casualidad teniendo en cuenta que el que afecta al PP llega con 13 años de
retraso.
Y es que la Justicia, como el
mítico Johan Cruyff, tiene en sus cambios de ritmo explosivos su mejor arma. Si
quiere, puede ser lenta y que se pierdan por el camino pruebas y testigos, que
se alarguen los procesos hasta el infinito.
Si quiere, también puede ser ágil cual Rayo McQueen
finiquitando sin pruebas a un fiscal general del Estado en lo que tarda Miguel
Ángel Rodríguez en darle un sorbo al cubata. ¿Existió una filtración? Existió,
y un país democrático debe tomarse muy en serio las filtraciones, como lo hizo
en este caso.
Si el periodismo y la Justicia
son piezas que deben funcionar de manera impecable, ¿qué decir de la política?
Hablar de política en España es hablar de Sánchez, y hablar de Sánchez es
hablar de la supuesta corrupción que rodea a su esposa, Begoña Gómez.
¿Cometió la mujer del presidente un delito de malversación
de caudales públicos? Es probable, según las investigaciones del prestigioso
juez Peinado que, tras años de macroproceso judicial, ha llegado a la
conclusión de que la secretaria de la mujer del presidente podría haber enviado
algunos correos que no le correspondía enviar. Algo similar al caso niñera, en
el que una asesora del Ministerio de Igualdad sujetó en sus brazos a la hija de
Irene Montero durante un mitin. Vergonzoso, denuncia Jaime de los Santos,
diputado del PP que durante años trabajó como asistente personal de la esposa
de un tal Eme Punto Rajoy con cargo a los fondos públicos. ¿Cometió Begoña
Gómez un delito de malversación? Probablemente.
Alguien filtró ese secreto
judicial a OkDiario. Una filtración que, en este caso, no ha tenido mayor
importancia ni consecuencia como sí las tuvo que la Fiscalía desmintiese los
bulos de la presidenta de la Comunidad de Madrid.
El periódico de Eduardo Inda,
a propósito, lleva entre su menú informativo en estos momentos la condena de la
FAPE a Javier Ruiz. Javierín es un embustero, comenta en la noticia un usuario
demostrando una vez más que el uso del diminutivo es el mayor indicador de que
la etapa escolar de bullying aún no ha sido superada.
Es cierto que mintió en el
dato: era el 82% y no el 90% el porcentaje de delitos sexuales cometidos por
españoles. Y, arriesgándome a mentir como Javier Ruiz, diría que el 99,9% de
votantes de la derecha están encantados con este sistema moral y arbitral de
dos velocidades.
Cómo para no estarlo.
Si me equivoco, que la FAPE me corrija, por favor.
Gerardo Tecé

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