Más allá del ‘Spain is Different’: lo que el relato turístico no cuenta sobre España.
En un reciente episodio de
Karambolage, un breve programa de la cadena cultural francoalemana Arte, se
repasaba la evolución de la imagen de España en el extranjero. Según el relato,
el país, hoy asociado al sol y al flamenco, tuvo durante mucho tiempo una
reputación negativa, que nacía en el colonialismo de América y llegaba al
franquismo. Todo pareció cambiar en los años sesenta, cuando el régimen abrió
España al turismo.
El máximo exponente fue el eslogan “Spain is Different”.
Pero el proceso fue mucho más complejo. El paso de la
Leyenda negra a la reapropiación irónica de un eslogan franquista puede parecer
coherente. Sin embargo, al enlazar estos elementos en una misma continuidad
interpretativa, se reactivan clichés históricos que la investigación reciente
ha matizado de forma considerable.
La ‘diferencia’ española: entre fascinación y marginalidad
Aunque el vídeo menciona la frustración de algunos
españoles ante las imágenes distorsionadas de su país, también reproduce la
idea de una España definida por la mirada exterior. Los procesos de erotización
y exotización desarrollados en el siglo XIX por las potencias hegemónicas
francesa y británica hacia su antigua rival forman parte de esta construcción.
Estas representaciones relegaban el antiguo imperio a la
diferencia, a los márgenes de una modernidad definida por sus sucesores. Descrita
como periférica, la península aparecía al mismo tiempo como un espacio
romántico y una fuente de inspiración política y artística. Aunque el número de
visitantes seguía siendo muy inferior al de países como Francia, Suiza o
Italia, ocupaba un lugar central en el imaginario europeo.
Desde la época moderna, los pensadores españoles
cuestionaron la legitimidad de la conquista y participaron plenamente en la
vida intelectual europea. En el siglo XIX, exiliados y viajeros conocieron la
industrialización de los países más ricos y la proyección internacional de las
grandes exposiciones universales. Estas experiencias alimentaron debates
fundamentales sobre el lugar de España en la modernidad, como el
regeneracionismo y el propio concepto de Leyenda negra.
Un eslogan con una larga historia
El principal punto ciego del relato aparece al examinar la
historia del propio eslogan. Es cierto que una memoria ampliamente compartida
atribuye “Spain is Different” al
ministro Manuel Fraga Iribarne. Sin embargo, la campaña impulsada por Fraga
constituyó más bien su remate que su invención.
“Spain is Different”
aparecía ya en 1932-1933 en una serie de carteles fotográficos editados bajo la
dirección de Rafael Calleja, alto funcionario conservador que permaneció en su
puesto desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la República. El eslogan
acompañaba la fotografía de una alcaldesa de Zamarramala, figura femenina
investida simbólicamente de autoridad durante la fiesta local.
La elección distó mucho de ser anecdótica. Se produjo en un
momento en que la República había ampliado la participación cívica de las
mujeres y transformado profundamente el marco político y social, provocando una
fuerte reacción entre los conservadores.
Durante la Guerra Civil (1936-1939), la fórmula fue
rápidamente reapropiada. En la contraportada de la revista L’Esquella de la
Torratxa, una familia de turistas ingleses contemplaba una versión muy
particular del cartel. La “alcaldesa”
había sido sustituida por un Franco cuya pose podía parecer afeminada, una
forma de desacreditarlo en un contexto histórico misógino y de socavar la
imagen de virilidad regeneradora que el bando sublevado pretendía encarnar.
Rodeado de un obispo, un soldado colonial y oficiales nazis
y fascistas, el motivo de la “diferencia”
se convertía en una sátira política. La imagen cuestionaba así la pretensión de
los “nacionales” de representar la
verdadera España, al mostrarlos como la expresión local de una coalición
internacional reaccionaria.
En la prensa anglófona, el eslogan también sirvió como
marco interpretativo del conflicto. Aparecía con frecuencia en relatos marcados
por una condescendencia imperial que presentaban a una España “diferente” como una anomalía inestable
dentro de la Europa civilizada. Este viejo tópico contribuía a naturalizar la
violencia, al mostrarla como una consecuencia casi esperable de esa supuesta
disparidad y no como una ruptura del orden europeo que afectaba al conjunto del
continente.
Ni la fórmula ni su principal promotor desaparecieron tras
la guerra. El eslogan fue reactivado en las décadas de 1940 y 1950,
especialmente en los volúmenes Apologías Turísticas de España dirigidos por
Calleja, así como en varias campañas de carteles fotográficos en las que
aparecen lemas como “Spain is Beautiful
and Different” y “Spain is Beautiful
and Different: Visit Sunny Spain”.
El ‘boom’ turístico
En la posguerra, la singularidad acompañó el esfuerzo del
régimen por romper su aislamiento internacional e integrarse en el orden
occidental dominado por Estados Unidos. La promoción turística se dirigió
prioritariamente al público norteamericano, mientras esa singularidad se
transformaba en un recurso diplomático para presentar el país como un socio
aceptable del bloque occidental.
Cuando Manuel Fraga lanzó una gran campaña bajo el eslogan
“Spain is Different”, este ya no era
un país aislado. Los acuerdos firmados con la Santa Sede y Estados Unidos en
1953, el ingreso en la ONU en 1955 y el Plan de Estabilización de 1959 habían
iniciado su integración en el orden occidental y abierto una fase de rápido
crecimiento.
En el contexto del boom, el turismo se convirtió en uno de
los motores de la transformación económica y social. A comienzos de la década
recibía ya cerca de siete millones de visitantes anuales y se integraba en un
mercado internacional del ocio junto a países como Italia o Grecia.
El régimen trató sin duda de atraer divisas y mejorar su
imagen pero las administraciones, los empresarios, los artistas y los
municipios también participaron en su construcción. En un mercado turístico
cada vez más competitivo, esa “singularidad”
se convirtió en un recurso de diferenciación. El auge del turismo se explica
mejor dentro de las dinámicas estructurales propias de la Europa de posguerra.
Cuando la propaganda cobra vida propia
Como vemos, desde sus primeras apariciones se utilizó el
eslogan “Spain is Different” para
disputar la definición de nación que intentaba promover. Sucedió en la reacción
conservadora a las reformas republicanas, en la sátira antifascista durante la
Guerra Civil, en relatos anglosajones marcados por condescendencia imperial y,
más tarde, en un franquismo primero en busca de protección estadounidense y
posteriormente preocupado por la obtención de divisas y reconocimiento europeo.
El caso español muestra que la reapropiación irónica puede
constituir una forma de distanciamiento crítico: un mensaje producido por el
poder es retomado y vuelto contra él.
No fue la última vez. En 2012, el gobierno del Partido
Popular creó la “Marca España”
siguiendo la lógica neoliberal del nation branding. Al hacerlo, se pretendía
reposicionar y mejorar la imagen del país en el exterior y entre los propios
españoles. Muy pronto, el nombre se convirtió en objeto de sarcasmo. Ante un
retraso ferroviario, una derrota deportiva o un escándalo de corrupción,
alguien murmuraría: “Marca España”.
La singularidad española nunca
ha constituido una esencia estable. Ha sido un campo de disputa, un espacio de
proyección y de conflicto.
Presentarla como un hilo continuo que une estereotipos antiguos
y marketing franquista borra lo esencial: la “diferencia” española siempre ha sido un terreno de controversia.
Jorge Villaverde

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