Al Gobierno de España no deben llegar los admiradores de Trump
Ante la algarada de voces
cargadas de descalificaciones e insultos vejatorios que están protagonizando la derecha y la
extrema derecha de este país contra la reunión de los gobiernos progresistas
iberoamericanos en Barcelona En defensa de la democracia, voces más propias de
organizaciones antidemocráticas o proclives al totalitarismo fascista, quiero
pensar que un gran sector de la sociedad española, aquel que se identifica de
modo más integro y consciente con los valores y defensa de la democracia (aunque
no sea de izquierda), no va a ser indulgente con esa derecha extrema a la hora
de concurrir a unas elecciones generales.
Por negativos que hayan sido
los resultados para los partidos progresistas en las elecciones autonómicas
-posiblemente en Andalucía también-, me parece que la política exterior del
actual Gobierno, situándose en defensa de la paz y en contra de la guerra en
Irán y Líbano, y del genocidio en la Franja de Gaza, así como unos resultados
económicos internacionalmente resaltados, le van a deparar al Partido
Socialista la posibilidad de seguir gobernado en la próxima legislatura en
colaboración con otros partidos nacionalistas y de izquierda, sobre todo si a
su izquierda se acomete una recuperación de la unidad que ahora mismo parece
difícil.
Calificar de aquelarre
comunista la reunión de Barcelona y de narcoestados a los países cuyos primeros
mandatarios se han reunido allí hace comparables a la presidenta de la
Comunidad de Madrid (PP) o al eurodiputado Tertsch, que lo es de Vox, con el
personaje político más nefasto de las últimas décadas, protagonista junto a su
socio Netanyahu de masacre genocida en la Franja de Gaza y de la guerra contra
Irán y Libia que puede poner al planeta al borde de la Tercera Guerra Mundial.
Tengo para mí que de aquí a la
celebración de las elecciones generales en España en 2027, el desprestigio de
Donald Trump no va a dejar de incrementarse, quizá hasta su posible
destitución.
Esto jugará en contra de
aquellos partidos cuyos líderes o aspirantes a serlo comulgan con sus obsesiones, faltando al
respeto a los gobiernos progresistas democráticamente elegidos en América
Latina, cuando el Partido Popular y Vox concurran a las urnas en ese año.
Una mayoría de la sociedad española no se merece que, una
vez perdido el respaldo que su votantes dieron a Donald Trump y desalojado
probablemente de la Casa Blanca, lleguen al Gobierno de España sus admiradores.
Seré demasiado optimista, pero no está mal serlo al menos por una vez en estos
tiempos oscuros.
Estábamos deseando leer esa invitación de Claudia
Sheinbaum, que es noticia hoy en la reunión de Barcelona, para que Pedro
Sánchez visite México.
Félix Población

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