Miedos y temores de los españoles
En estas páginas hemos referido varias veces el fenómeno del pesimismo histórico de los españoles, en conexión con los acontecimientos del 98 y la misma influencia ulterior de pensadores de la generación así nominada.
En nuestros días estamos asistiendo a unas circunstancias
históricas y sociológicas inquietantes y de gran calado, que nos obligan a
revisar determinados clichés y/o tópicos del pasado y a tomar en consideración
otros asuntos inquietantes.
La propia historia trágica de España en el ciclo de la
modernidad y nuestra industrialización tardía nos lleva a ser comprensivos con
determinadas formas poco razonables y, en ocasiones, extremas de entender y
valorar nuestro devenir como país. Algo a lo que contribuyó el largo período de
la dictadura franquista, que hizo de España uno de los países que se incorporó
más tardíamente al bloque de las democracias europeas y al propio club de la
Unión Europea.
Sin embargo, pese a tales desfases y condicionantes
negativos, los españoles hemos sido alumnos aventajados en la tarea de alcanzar
altos niveles de desarrollo económico y buena funcionalidad política. De hecho,
durante los últimos años hemos sido uno de los alumnos más aventajados de la
clase, superando a la mayoría de nuestros socios en indicadores económicos,
sociales y de calidad de vida. Aunque aún persisten importantes sesgos de
pesimismo sistémico.
Una amplia mayoría de españoles (77,1%) creen que los
medios de comunicación social están contribuyendo a aumentar la sensación de
miedo y temor en la sociedad.
Uno de los indicadores más expresivos de tal pesimismo es
el que se refiere a nuestra conciencia socioeconómica. Es decir, cuando se
pregunta a los españoles cuál es su situación económica personal, en el último
barómetro del CIS (marzo 2026) un 65,8% califica dicha situación como buena o
muy buena. Sin embargo, cuando a esos mismos españoles se les pregunta –a
continuación– por la situación económica de España, las respuestas son las
contrarias, considerando mala o muy mala la situación de España un 54% de la
población, y buena o muy buena solo un 38,4%. Algo que resulta estadística y
sociológicamente imposible cuando dos tercios de los propios españoles
sostienen que les va bien o muy bien.
Raíces del pesimismo español
Las causas de tal pesimismo
apriorístico no residen solo en asuntos relacionados con nuestras experiencias
históricas y políticas, sino que se conectan también con la propia estructura
de los poderes subyacentes de la sociedad española, y con la herencia persistente
de gran parte del sistema de comunicación social del franquismo, que tal como
indiqué hace tiempo en mi libro
La democracia incompleta se encuentra descompensado
política e ideológicamente de la propia estructura de las autoubicaciones
políticas de la sociedad española en su conjunto. Es decir, mientras casi dos
tercios de los españoles se ubican hoy en día en posiciones de izquierda y
centro-izquierda, los propios españoles sitúan a la inmensa mayoría de los
medios de comunicación social en posiciones de derechas.
De ahí la anomalía de que España no haya conservado ninguno
de los grandes diarios liberales y progresistas que se publicaron antes de la
Guerra civil de 1936-39, y que fueron barridos con contundencia por la
dictadura franquista. Aquella ruptura tan radical explica que no tengamos, como
otros países, publicaciones de referencia arraigada como Le Monde, The
Guardian, The New York Times, The Washington Post, etc. Sin perder de vista que
sobre algunos de estos medios la oligarquía tecnológica reinante ya ha empezado
a lanzar sus redes de control.
Las carencias informativas en
España no se limitan a problemas de raíz histórica, ni de orientación política,
sino que se conectan también con la falacia periodística que sostiene que “perro muerde a niño” no es noticia, pero
sí lo es “niño muerde a perro”. De
forma que no son pocos los que se dedican a buscar, rebuscar y reproducir
noticias –aun- que sean falsas– de “niños
mordiendo perros”, o en su caso ocultando “logros económicos, políticos y sociales” que son olvidados, dejando
paso a problemas e informaciones que muchas veces no hacen otra cosa que poner
altavoces a las miserias, insultos y descalificaciones de personajes agresivos
y disparatados.
Personajes cuyo paradigma máximo está encarnado hoy en día
por un líder como Donald Trump.
De hecho, en los últimos meses se han dado noticias y
acontecimientos muy positivos para España, que han merecido lugares destacados
en los medios de comunicación social especializados en económica más
prestigiosos del mundo, mientras que aquí eran ignorados y ocultados en lugares
secundarios en las páginas y secciones menos leídas de los periódicos y otros
medios de comunicación social.
El hecho de que una parte importante de la población
manifieste hoy en día miedo a “ser
juzgado o perseguido por un delito que no ha cometido”, o a “ser perseguido por sus ideas políticas”,
trasluce que existe un deterioro importante de la “seguridad jurídica” y de la misma confianza en la Justicia, como
tal.
Por eso, no es extraño que en una reciente encuesta del CIS
sobre “miedos y temores de los españoles”
cuando se preguntó a los encuestados “en
qué medida creían que en España los medios de comunicación social en general
están contribuyendo a aumentar la sensación de miedo y temor en la sociedad”,
nada menos que un 77,1% respondieron que sí, sobre todo, entre los jóvenes y
los que tenían edades intermedias (81,6% entre los que tienen entre 25 y 34
años, y un 80,2% entre los que están entre los 35 y los 44 años).
En esta perspectiva, los
principales miedos que sienten los españoles en estos momentos en un plano
personal se refieren a problemas como perder un familiar o verse afectados por
graves problemas de salud, perder la vista, tener cáncer, etc..
En este ámbito personal, a continuación, se encuentran los
problemas conectados con el trabajo, o tener un mal trabajo o pensión que no
permita vivir dignamente, o no poder pagarte una vivienda digna.
Inseguridad jurídica
En el plano sociológico general, el mayor miedo es a una
guerra mundial, seguido por una guerra civil. Curiosamente, en tercer lugar, se
encuentra el “miedo a ser juzgado o
perseguido por un delito que no has cometido”. Lo cual supone una dura
crítica a la situación actual de la Justicia española, que puede llegar a
suscitar tal tipo de temores impropios de un verdadero Estado de Derecho.
Con menor énfasis, pero con cierta importancia se citan también los miedos a una crisis
económica, o una crisis democrática, así como al deterioro del medio ambiente.
A lo que se añade el “miedo a ser
perseguido por tus ideas políticas”, que con una puntuación media de 5,84
se configura como un temor importante. Temor que se conecta también con el
miedo a ser “perseguidos por delitos no
cometidos”, conformando una imagen bastante negativa sobre la crisis del
principio de seguridad jurídica. Algo sobre lo que convendría reflexionar.
A la sensación general de temor, y la amplia relación de
cuestiones con las que se conecta, se añaden determinados miedos y temores ante
las nuevas tecnologías, ante las que un 9,9% de los españoles manifiestan mucho
miedo, un 23,2 % bastante miedo y un 27,5% algo de miedo. Lo que supone un
60,6% de la población.
A toda esa panoplia de miedos y temores se une una
sensación general de impotencia social y personal, siendo un 86,8% los que
piensan que “se haga lo que haga en la
vida hay factores externos que escapan a tu control”.
Futuros inciertos
En su conjunto, las informaciones que aporta esta encuesta
nos ponen sobre aviso de la extensión que están alcanzando en las sociedades
actuales los miedos, temores y preocupaciones de la población. Algo que en este
caso concreto llega al extremo de que solo un 29,7% de los españoles cree que
sus condiciones de vida serán mejores que las de ahora dentro de 10 años,
mientras que un 37,2% piensa que serán peores y un 25,5% iguales o similares a
los actuales. Opiniones que en este caso sustentan en mayor grado las personas
mayores de 55 años.
Las percepciones y expectativas negativas sobre el futuro
inmediato no concuerdan con las expectativas económicas y sociales que apuntan
la mayor parte de los datos, ni con las propias informaciones –a veces
espectaculares– que provienen del mundo científico. Lo que revela que en la
formación de tales estados de opinión están operando factores y filtros que
tienden a perfilar percepciones negativas e inciertas de muchas de las
posibilidades y tendencias que podrían situarnos a no tan largo plazo en mundos
de ciencia ficción.
De ahí, pues, la necesidad de atender a las variables
políticas y de conformación social que están penetrando nuestras sociedades.
Sociedades en las que, pese a todo lo que estamos apuntando, un 79,4% de los
mayores de 18 años se consideran personas mas bien optimistas, un 15,5% mas
bien pesimistas y solo un 3,5% equilibrados, es decir, ni optimistas ni
pesimistas. Lo relevante en este caso es que las más pesimistas son las mujeres
(16,2% en comparación con un 14,8% de los hombres) y, sobre todo,
sorprendentemente los menores de 24 años (28,7%) y los que tienen entre 25 y 34
años (20,6%).
En una perspectiva evolutiva no deja de ser inquietante que
la apreciación general de los españoles sea que, en comparación con hace unos
años, ahora sus miedos y preocupaciones son mucho mayores (15,5%) o algo
mayores (33,4%), un 48,9% en total, en comparación con un 44% que considera que
se mantienen igual y solo un 5,3% que los considera algo menores o mucho
menores (4,4%).
Como colofón, y a modo de resumen del contexto de miedos y
temores en los que se desenvuelven los españoles en estos momentos, es preciso
señalar que un 89,8% de la población cree que los conflictos sociales
(violencia, polarización, enfrentamientos) van en aumento en la sociedad
española, siendo un 38,5% los que piensan que existe mucho deterioro de la
democracia en España, y un 38,1% los que aprecian bastante deterioro (76,6% en
total). Situación que preocupa mucho o bastante al 82,4%.
¿Guerra nuclear?
Al final de este túnel oscuro nos encontramos con un 78,9%
de españoles que creen que “en el futuro
es posible que tenga lugar una guerra en la que se utilicen armas nucleares”,
siendo solo un 19,4% los que creen que tal cosa no es posible. De nuevo son las
mujeres (83,5%) y los más jóvenes (un 81,7% de los menores de 24 años, y un
82,6% de los que tienen entre 25 y 34 años) los que manifiestan mayor
pesimismo. Algo que se acrecienta cuando a lo anterior se añade que un 41,5%
piensa que si se produjera una “guerra
con utilización de armas nucleares… supondría el fin de la humanidad”.
Y, mientras tanto, Trump y sus conmilitones continúan
jugando y amenazando con toda la cohetería que la ciencia ha puesto al alcance
de sus manos.
José Félix Tezanos
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