Un índice científico para medir su felicidad social y calidad de vida.
¿Alguna vez se ha preguntado por qué dos personas que viven
en la misma ciudad, trabajan en el mismo sector y tienen ingresos similares
sienten niveles de bienestar tan distintos? ¿Y si pudiera medir su felicidad
social, del 1 al 10, con un índice diseñado con método científico?
El progreso de las sociedades se ha medido usualmente a
través de indicadores económicos. Sin embargo, un país puede crecer
económicamente y, al mismo tiempo, experimentar problemas de desigualdad,
polarización, precariedad laboral o deterioro ambiental.
Por este motivo, las investigaciones en ciencias sociales
intentan responder a una pregunta aparentemente sencilla pero metodológicamente
compleja: ¿cómo medir realmente la calidad de vida?
A qué llamamos calidad de vida
El primer reto aparece al intentar definirla. Algunos
piensan en los servicios sociales como salud o educación, otros en la economía
familiar, otros en el trabajo y otros en el barrio donde fijan su residencia.
Todos tienen razón, pero solo en parte.
Durante años hemos usado distintos indicadores con este
fin. Uno de los más influyentes es el Better Life Index desarrollado por la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que propone
medir el bienestar a partir de once dimensiones, entre ellas empleo, educación,
medioambiente, seguridad y satisfacción con la vida.
A partir de este enfoque multidimensional han surgido
propuestas científicas que usan ponderaciones similares –en España, por
ejemplo, el Indicador Multidimensional de Calidad de Vida del INE– o métodos
que integran dimensiones con distintas técnicas. Todos ellos permiten medir la
calidad de vida de los habitantes de un país o región.
En esta línea, y tras una revisión de los índices
existentes y un proceso de reflexión y aprendizaje colectivo de Big Data, los
expertos que formamos parte del Observatorio de Intangibles y Calidad de Vida
(OICV) del Grupo de Investigación en Capital Intelectual (ICRG) hemos diseñado
el Multidimensional Index of Social Quality of Life (MISQL).
Comience a medir su felicidad
La nueva herramienta se centra en la calidad de vida
social. Es decir, en aquello que depende del entorno y de las relaciones:
familia, empleo y clima laboral, confianza comunitaria, seguridad, ocio y
cultura, movilidad, medio ambiente urbano, capacidades digitales, etc.
El índice MISQL invita a detenernos unos minutos para
reflexionar sobre el día a día, identificar los factores que generan equilibrio
personal y comprender cómo influyen las relaciones y el contexto en el bienestar
cotidiano.
Para desarrollar este método comenzamos preguntándonos qué
factores sociales influyen realmente en cómo una persona evalúa su propia vida.
Para responder, analizamos miles de respuestas proporcionadas anualmente por
ciudadanos españoles desde 2020.
Esperábamos que la economía personal ocupase el primer
lugar, pero no ha sido así: la familia y la satisfacción laboral son
dimensiones más influyentes que el dinero. También destaca la confianza en el
vecindario y la integración social, o sea, esa clara sensación de que podemos
caminar tranquilos en nuestro entorno o de que nuestros vecinos estarán ahí si
los necesitamos.
El índice toma forma cuando aplicamos coeficientes
estandarizados desde un modelo socioeconométrico, permitiendo obtener
ponderaciones objetivas (pesos derivados de los propios datos, no de nuestras
preferencias como investigadores). Ese paso ha sido crucial, dejando que
hablasen las respuestas reales de la gente.
El peso de la ciudad, el
barrio y el territorio
Al aplicar el modelo sobre más de 4 100 respuestas en
España para 2025, la dimensión social explica el 64 % de la variación del
bienestar percibido. El resto corresponde, en buena medida, a la esfera
personal (salud física y psicológica, desarrollo personal, espiritualidad,
estilo de vida) y a los límites propios de cualquier medición basada en
encuestas.
Esas proporciones muestran el enorme peso que tienen
nuestras ciudades, barrios y entornos en cómo nos sentimos.
En cuanto a las diferencias territoriales, el índice
encuentra patrones que invitan a pensar. No se trata de comunidades ganadoras y
perdedoras, sino de distintas formas de vivir y sentir el entorno. Comunidades
autónomas como La Rioja, Navarra, Aragón o Castilla-La Mancha muestran un
equilibrio interesante entre satisfacción residencial, felicidad declarada y
calidad de vida social percibida. Estas regiones destacan no tanto por
cuestiones de renta personal, sino por su cohesión y la satisfacción de sus
habitantes con su entorno.
Además, la dimensión de la población está asociada al
mercado de la vivienda. Así, aquellas poblaciones con servicios de calidad,
fácil accesibilidad y baja densidad sacan una clara ventaja en la puntuaciones
del índice.
Esta nueva herramienta no es un mero ejercicio académico o
individual, sino una brújula para que los responsables públicos identifiquen
prioridades reales agregadas. En un mundo complejo, necesitamos indicadores que
no solo midan lo que producimos, sino cómo vivimos y lo qué realmente importa.
Cómo nos sentimos en comunidad
Una cuestión que muchas personas se plantean es qué hace
que nuestra vida sea, en esencia, “buena”.
Y eso es lo que permite resolver el índice MISQL.
No se trata solo de obtener una puntuación, sino de
favorecer una mirada más consciente sobre cómo vivimos con otros, cómo nos
sentimos en nuestra comunidad y qué elementos fortalecen –o debilitan– esa
armonía.
Cualquier persona puede entender mejor por qué se siente
como se siente, reconociendo qué aspectos clave de su entorno social pesan más
en su calidad de vida. Ahora es posible evaluar y comparar nuestra felicidad
con la de la población en general, lo que permite descubrir cuáles son los
condicionantes que predominan para la mayoría y qué áreas personales debemos
potenciar.
Por último, cuidado con la paradoja de la felicidad:
preguntarse constantemente si uno es feliz puede llevar a dejar de serlo. A
menudo se experimenta mejor cuando no se busca obsesivamente, sino cuando se
vive el presente con un objetivo claro. Ahora podemos observar las tendencias
de nuestras sociedades desde cada individuo, permitiendo definir mejor el
propósito en nuestro presente.
Víctor Raúl López Ruiz
Domingo Nevado Peña
José Luis Alfaro
Navarro
Nuria Huete Alcocer
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