¿Hay alguna forma de soñar lo que nos apetezca siempre que queramos?
La idea de poder soñar exactamente lo que nos apetezca, en el momento que queramos, resulta muy atractiva. Imaginar que podemos “elegir” nuestros sueños como si fueran una película antes de dormir es algo que mucha gente se ha planteado alguna vez.
Sin embargo, y siendo realistas, no existe actualmente una
forma de tener un control absoluto y constante sobre los sueños. El cerebro,
cuando dormimos por la noche, funciona de manera en gran parte automática y
sigue procesos que no dependen completamente de nuestra voluntad consciente.
Aun así, esto no significa que no se pueda influir de algún
modo: existen técnicas que, con práctica, pueden aumentar significativamente
las probabilidades de dirigir o moldear de alguna manera el contenido de
nuestras “aventuras” bajo las
sábanas.
Trucos para antes o después de
dormir
Para empezar, una de las herramientas más útiles es llevar
un diario de sueños. Consiste en anotar todo lo que recuerdes justo al
despertar, aunque sean fragmentos o sensaciones vagas. Este hábito mejora la
memoria onírica (o capacidad de recordar los sueños) y hace que el cerebro
preste más atención a esas imágenes o historias. Con el tiempo, también ayuda a
identificar patrones o elementos recurrentes (personas, lugares, situaciones
extrañas) que pueden servir como señales de que estás soñando.
También puede ayudar la denominada “incubación de sueños”. Consiste en centrarte intensamente en una
idea, imagen o situación antes de dormir. Por ejemplo, puedes imaginar con
detalle que estás en una playa, que hablas con una persona concreta o que te
tomas un helado gigante. Cuanto más vívida y repetida sea esa visualización,
más probabilidades hay de que aparezca en el sueño. Aunque no es una garantía
de que suceda, claro.
Tú llevas las riendas
Uno de los fenómenos más estudiados en este fascinante
ámbito de nuestra mente es el “sueño
lúcido”, o sea, cuando alguien es consciente de que está soñando mientras
el sueño ocurre. En algunos casos, esa consciencia permite intervenir en el
desarrollo del sueño: cambiar escenarios, tomar decisiones voluntarias o
incluso alterar las reglas “físicas”
del mundo onírico, como volar o atravesar paredes. Aunque no todas las personas
experimentan sueños lúcidos de forma natural, muchas pueden aprender a tenerlos
con entrenamiento.
Una técnica para conseguirlo
son los “chequeos de realidad”.
Durante el día, varias veces, te detienes y te preguntas si
estás soñando. Quizá te parezca extraño, pero al repetirlo con frecuencia se
convierte en un hábito mental que puede trasladarse al sueño. Cuando eso
ocurre, puedes darte cuenta de que lo que estás viviendo no es real, lo que
desencadena un sueño lúcido. Algunos ejemplos de chequeos incluyen mirar un
texto dos veces (en los sueños suele cambiar), observar tus manos o intentar
atravesar un objeto con un dedo.
El momento del sueño también es importante. Los sueños más
intensos y narrativos (reales o elaborados) ocurren durante una fase denominada
sueño REM, que se repite varias veces a lo largo de la noche, y con mayor
frecuencia en el último tercio. Aquí se encuentra una de las principales
diferencias entre los “terrores nocturnos”
y las “pesadillas”. Los primeros
aparecen en sueño no REM (concretamente, en las fases de sueño profundo),
mientras que las pesadillas ocurren en fase REM.
Dormir bien, mantener horarios regulares y evitar interrupciones
bruscas ayuda a recordar mejor los sueños y aumenta las posibilidades de tener
experiencias más vívidas.
Cuando dormimos, el cerebro es
incontrolable
De todos modos, hay que ser realista: es imposible
garantizar que cada noche soñarás exactamente lo que quieres, como si eligieras
una película en una plataforma, ni mantener un control total de principio a
fin. Incluso las personas con mucha experiencia en sueños lúcidos no lo
consiguen siempre, y a veces los sueños pueden volverse inestables o cambiar de
forma inesperada.
El
cerebro sigue generando contenido de manera espontánea, y esa es precisamente
una de las características fundamentales de esas experiencias oníricas que
tanto nos intrigan.
Raúl Quevedo-Blasco
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