Isabel la católica, modelo de mujer para Abascal
Lo malo de Caperucita no es que tuviera las tetas
coníferas, una capa que todo lo tapa, y una abuela rechazada por la Ley de
Dependencia a cargo de la nuera. Lo malo de Caperucita es que ella es el lobo.
Y no hay lobo bueno, pese a lo que diga José Agustín.
Todos los amigos saben que mis neuronas ya no se conocen
entre sí, como sucede en tantos matrimonios con el tiempo, y por eso llego
tarde a los asuntos.
Me entero que un periódico arremete ahora contra Susan
Sarandon por hablar más que de cine. Aquí, no, dicen. ¿Pero Juan Aparicio sigue
vivo 40 años después?
Y que una concejala sin mirar a su viceversa ha montado un
pollo subiendo a un escenario y prohibiendo una función. Al menos La Camila
esperaba al final para llamar a Carmen Polo y cargarse el trabajo de una
compañía.
El líder de la ultraderecha se ha ido adonde se pone el sol
y ha proclamado a Isabel la Católica como ejemplo a seguir por todas las
mujeres. Ya otro líder hermano o primo hermano, había pedido que vuelva la
Sección Femenina para la repoblación de la España vaciada. Las mujeres en casa
y los pueblos otra vez llenos de niños.
Pues miren ustedes dos: Isabel
la Católica (el mote se lo puso el Papa Alejandro) en cuestión de respeto a las
mujeres, más bien no. Como entonces no había ingenieros de Caminos, Canales y
Puertos se ocupó de sus hijas así: a Isabel la ennovió con Alfonso de Portugal
cuando ella tenía 3 añitos.
Y cuando la chica enviudó
porque el portugués se le murió a los 16 años, la casó con Manuel de Portugal,
siguiendo el mandato bíblico de Onán, casado con su cuñada para no desperdiciar
la herencia. A María la casó con Manuel, cuando el viudo era él porque su hermana
Isabel se le murió. Otro matrimonio por amor al dinero. A Catalina la casó con
un marido maltratador; primero fue con Arturo, pero al enviudar de Arturo
cuando Arturo tenía 15 años, la casó con su hermano Enrique.
Como un marido es para toda la
vida, cuando Catalina se quejaba desde la Torre, la madre le recomendaba:
aguanta, que al menos no te ha cortado la cabeza como a Bolena. A Juana la casó
con Felipe para sumar otra dinastía a la causa. Y aunque quienes encerraron a
Juana en Tordesillas fueron el padre y el marido, la verdad es que la madre
ocultó el informe del obispo de Córdoba que calificaba a Juana más lista que el
hambre.
La madre Isabel no podía
admitir que Juana ni fuera a misa, ni se confesara y comulgase. Y encima
hablase en latín, un idioma que los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos
dicen que no sirve para nada (excepto para llamar egabrenses a los ingenieros
de Cabra).
Yo creo que el líder de la extrema derecha recomienda a
Isabel la Católica porque ella expulsó a los moros.
A mí esto me cansa.
Tanto que me viene la tentación de Jimmy Stewart cuando se
murió su mujer y él decidió no recargar ya las pilas del marcapasos.
He aquí a un hombre muerto de amor por una mujer.
Valentín Martín
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