Los varones no quieren ser personas en la cofradía de la purísima sangre
El problema no lo tienen los machistas de Sagunto, sino las mujeres que quieren acercarse a ellos. Eso es lo incomprensible. El problema no es que la Iglesia se comporte como se espera que se comporte la Iglesia, lo extraño es que reciba dinero público tras hacerlo.
La Cofradía de la Purísima
Sangre no debería recibir un euro, ni una ayuda pública a partir de ahora.
Debería constituirse formalmente en lo que es, un club de chavales machistas
muy libres de serlo siempre que paguen el juego con su dinero.
Buscarse la vida o morirse de
asco era otra tradición de la Edad Media de lo más respetable.
Doce chavales posan a las
puertas de una iglesia en Sagunto (Valencia). Son noticia y no por ir a misa
–todas las modas acaban volviendo–, sino por haber protagonizado una de las
imágenes del fin de semana. Periodistas de toda España se han desplazado hasta
este pueblo valenciano expectantes por una votación que debía acabar con una
anomalía histórica: las mujeres del pueblo tienen prohibido salir en procesión
durante la Semana Santa en la Cofradía de la Purísima Sangre.
Para arreglarlo solo había que
cambiar en los estatutos una palabra. “Personas” en lugar de “varones”. Pero
los votantes, varones todos, decidieron no caer en la trampa woke de ser
considerados personas.
La respuesta, chicas, es que
no.
Con 267 votos en contra de la
igualdad y 114 a favor, los vencedores de la votación posan eufóricos en las
escalinatas de la iglesia apoyando su decisión en argumentos sólidos. “La tradición es la tradición”. “Las tradiciones hay que respetarlas”. “No se pueden romper las tradiciones”. “El fútbol son once contra once”.
Somos los guardianes de una herencia que se remonta al
1496, explican estos chicos uniformados con pantalón chino beige y chaqueta
azul marino del Zara, telas típicas de aquella época.
Uno ve la foto de los
ganadores de este referéndum, los observa celebrar en la escalinata el rechazo
a sus madres, hermanas, novias e hijas y no sabe si la palabra es pena o
curiosidad. Cuando esto ocurre, siempre es curiosidad. Resulta curiosísimo
observar a quienes lucen peinados sacados de Instagram, visten ropa de boda en
primavera y usan gafas graduadas que les evitan morir atropellados por un
carromato tirado por bueyes, celebrar el único elemento del siglo XV que para
ellos aún está vigente: el veto a la mujer.
Cuesta imaginar a cualquiera
de estos con 39 de fiebre llegando a Urgencias y explicando que no quieren
paracetamol, sino gasas húmedas porque la tradición hay que respetarla. Alguno
vivirá en pareja sin estar casado y, casi seguro, le jodería ser expulsado del
pueblo por ello.
La tradición es la tradición,
habría que explicarle al muchacho al darle una patada al otro lado de la linde
mientras su novia esperaba su turno para ser quemada en la hoguera como dios
manda. En el siglo XV estaban de moda muchas cosas y ninguna de ellas estaba
presente en la escalinata por mucho que los chavales se hagan llamar guardianes
de esencias apestosas.
Por ejemplo, en el siglo XV se juzgaba a chavales como
ellos obligándolos a sostener un hierro incandescente en la mano. Si las
quemaduras sanaban bien, se les consideraba inocentes. Si se complicaba la cosa
y el tipo moría, era claramente culpable. Por si fuera poco, en aquellos
tiempos te podías morir de lepra, peste o tuberculosis. Un riquísimo catálogo
que no se debería haber perdido porque las tradiciones, qué cojones, están para
mantenerlas. La de ser un cazurro sigue vigente, sin ir más lejos.
Dicho esto, mi respeto hacia
la decisión. ¿Por qué una cofradía fundada sobre las bases del machismo debe
dejar de serlo? ¿Por qué la iglesia debe casar a homosexuales si su modelo de
negocio es privilegiar la familia tradicional? ¿No es libre un club formado por
neonazis de vetar la entrada a negros? ¿Qué sentido tendría el machismo, la
homofobia o el racismo sin sus instituciones?
El problema no lo tienen los
machistas de Sagunto, sino las mujeres que quieren acercarse a ellos. Eso es lo
incomprensible. El problema no es que la Iglesia se comporte como se espera que
se comporte la Iglesia, lo extraño es que reciba dinero público tras hacerlo.
La Cofradía de la Purísima
Sangre no debería recibir un euro, ni una ayuda pública a partir de ahora.
Debería constituirse formalmente en lo que es, un club de chavales machistas
muy libres de serlo siempre que paguen el juego con su dinero.
Buscarse la vida o morirse de asco era otra tradición de la
Edad Media de lo más respetable.
Gerardo Tecé

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