El cinismo del ‘no a la guerra’


 Sánchez agita el pacifismo para ocultar su corrupción mientras sirve a Trump.

Pedro Sánchez ha vuelto a las andadas con su manual de resistencia más rancio. El presidente del Gobierno ha rescatado el viejo eslogan del ‘no a la guerra’ en mitad de la campaña electoral de las autonómicas de Castilla y León para intentar frenar la sangría de votos que le provocan sus constantes escándalos judiciales.

Con un tono que pretende ser épico, el líder socialista acusa a la oposición de belicista mientras las tramas de corrupción asfixian a su entorno más cercano. Es la técnica de la cortina de humo elevada a la categoría de política de Estado. La realidad es que el juicio contra su exministro José Luis Ábalos, previsto para abril, y las investigaciones sobre su esposa y su hermano han dejado al Gobierno en una situación de extrema fragilidad.

Para desviar la atención, Sánchez prefiere hablar de un conflicto lejano entre Estados Unidos e Irán antes que dar explicaciones sobre el ‘caso mascarillas’ o el presunto tráfico de influencias en la Moncloa. Es un ejercicio de cinismo que busca movilizar a su base electoral mediante el miedo y la demagogia.

Sin embargo, tras la pancarta pacifista se esconde una sumisión total a los intereses de Donald Trump. Pese a la retórica oficial que niega el uso de las instalaciones españolas, el presidente estadounidense ha dejado claro que puede utilizar las bases de Rota y Morón a su voluntad para la ofensiva contra Irán. Sánchez permite de tapadillo que estas infraestructuras sirvan de apoyo logístico a los movimientos militares de Washington, demostrando que su supuesta firmeza no es más que una fachada para consumo interno.

La incoherencia alcanza su punto máximo con el envío de la fragata ‘Cristóbal Colón’ a Chipre. El Gobierno ha ordenado el despliegue de la unidad más avanzada de la Armada para proteger la isla de posibles ataques iranís, actuando como escudo antimisiles en el Mediterráneo oriental. Resulta grotesco predicar el pacifismo en los mítines mientras se manda un buque de guerra tecnológicamente puntero a la zona de conflicto sin pasar por el control del Congreso.

Esta doble cara retrata a un político que solo entiende el poder como una herramienta de supervivencia personal. Mientras en Castilla y León tacha de «superhéroe de la paz», en el despacho oval agacha la cabeza ante las amenazas comerciales de Trump y cede el control de nuestras fronteras militares. El «sanchismo» ha convertido la política exterior española en un mercadillo donde se intercambian principios por minutos de silencio sobre su corrupción.

Los ciudadanos no deberían dejarse engañar por este burdo envoltorio ideológico. Detrás de cada grito de ‘no a la guerra’ hay un sumario judicial que Sánchez no quiere que leamos. España no merece un presidente que utilice a las Fuerzas Armadas y la paz mundial como meros instrumentos de propaganda para tapar las miserias de un partido cercado por la justicia. La verdad es que, entre la fragata en Chipre y las bases entregadas, la paz de Sánchez es tan falsa como su transparencia.

Sergio Fidalgo

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