Neurociencia de los medios de comunicación: ¿cómo nos impactan sus mensajes?
A mediados del siglo XX se
comenzó a abordar con un enfoque científico la forma en que la comunicación
mediática afecta a las personas. El impacto que esta genera en los receptores
de los mensajes se ha medido y evaluado desde diversas escuelas, corrientes y
disciplinas a lo largo de las últimas décadas.
A través de un revisión
sistemática, una nueva investigación analiza múltiples estudios
neurocientíficos para definir si existe un marco homogéneo que permita
interpretar los efectos de los medios de masas en las audiencias. O si, por el
contrario, la aplicación de la neurociencia a esta área de estudio únicamente
representa otro enfoque más: una vía de conocimiento que enriquece la rica
propuesta existente de paradigmas, escuelas, modelos y teorías en las ciencias
sociales sobre el influjo de los medios de comunicación en sus receptores.
La retórica como punto de partida
Pensar primero y hablar después.
Directrices como esta ya se planteaban en la antigua Grecia cuando una persona
quería convencer a otras a través de la comunicación. Desde entonces, la retórica,
que la RAE define como “arte de bien
decir” para deleitar, persuadir o conmover, ha tenido mucho desarrollo.
Con el paso del tiempo, la
influencia se ha trasladado del “qué
decimos” al “dónde lo decimos”,
es decir, a la forma en que nos afectan los canales que utiliza la
comunicación. Es el espacio de los propios medios de comunicación (televisión,
redes sociales, plataformas, industrias culturales, etc.).
¿Está claro cómo nos influyen los
medios de comunicación?
La influencia de los medios
resulta innegable, pero la valoración del alcance de su impacto varía. Algunos
estudios presentan a los medios como todopoderosos, mientras que otras
propuestas defienden que tienen una influencia limitada. Y también hay
planteamientos a medio camino, que sostienen que los medios de comunicación nos
impactan de manera lenta y a largo plazo.
En función del marco teórico
desde el que se origina cada estudio, surgen diferentes interpretaciones acerca
del efecto que los medios producen en las personas.
Autores como el sociólogo Pierre
Bordieu o el politólogo Harold Lasswell aportan argumentos para una visión
totalizadora. El primero cuestiona el monopolio hegemónico de los medios y su
capacidad de anular el sentido crítico. El segundo instauró el modelo lineal de
la comunicación: ¿quién dice qué, en qué canal, a quién y con qué efecto?. Sus
teorías atribuían un poder todopoderoso a la propaganda para manipular a las
masas pasivas. Stuart Hall, desde los estudios culturales, pone el acento en la
recepción. Para este autor, el impacto depende de la posición del espectador en
un “área de lucha cultural”.
Son solo algunos ejemplos sobre
la diversidad de teorías existentes y la dificultad que encuentran los expertos
para ponerse de acuerdo sobre cómo los mas media nos afectan.
Las herramientas que utiliza la
neurociencia en sus estudios (tomografía axial computarizada, resonancia
magnética, electroencefalograma, etc.) permiten obtener datos objetivos. Por
este motivo, podemos preguntarnos: ¿es posible un acuerdo a partir de la
medición de las respuestas fisiológicas que se producen en el cuerpo y en el
cerebro cuando vemos una noticia o un anuncio?
Para resolver esta cuestión, mi
estudio ha revisado investigaciones de referencia escritas en español que
aplican la neurociencia para estudiar cómo los medios nos influyen.
Hallazgos desde la neurociencia
En uno de los trabajos
analizados, se evalúa la respuesta emocional al ver publicidad de entidades
públicas y su relación con el recuerdo. Según sus resultados, una realización
atractiva de la publicidad puede ser favorable para generar emociones. Los
anuncios que más se recuerdan están asociados con una emoción negativa (asco) y
con una neutra (sorpresa). Estos hallazgos quizá expliquen por qué algunos
anuncios de salud desagradables no se olvidan. Además, la reacción emocional
varía según el sexo biológico.
Otra investigación sobre las
respuestas emocionales y el cambio de intención de comportamiento tras ver un
anuncio de concienciación social sanitaria también ofrece resultados diferentes
según el sexo biológico. La campaña parece impactar afectivamente más en los
hombres, mientras genera una mayor respuesta cognitiva en las mujeres en
aspectos como la atención o la memorización.
Un tercer estudio analiza si
existe un patrón de respuesta en la comunicación persuasiva de salud, cuando el
mensaje se encuadra más en la ganancia o en la pérdida. Si se utiliza un marco
de ganancia, los anuncios generan un mayor nivel de atención visual, requieren
un menor tiempo de lectura y provocan una respuesta emocional superior. Además,
la respuesta suele ser más positiva y motivacional. En sintonía con estos
resultados, una campaña que afirmara “No
fumar mejora tu salud” funcionaría mejor que “Si fumas, puedes enfermar”.
La neurociencia también se aplica
en el estudio sobre cómo los contenidos audiovisuales modulan la percepción del
tiempo en el espectador. Según los resultados de un trabajo, un montaje rápido
está relacionado con una mayor percepción de la duración un vídeo. Ese montaje
rápido provoca una actividad de los ojos más intensa, con menos fijaciones
visuales y un mayor número de movimientos sacádicos (pequeños saltos rápidos
que hacen nuestros ojos cuando miran algo). Y la mayor amplitud de los
movimientos sacádicos, más frecuente en vídeos relacionados con una acción no
intencional y no lineal, también produce una sensación de que el contenido
audiovisual dura más. Por ejemplo, al ver un vídeo muy rápido en TikTok,
tenemos la percepción de que su duración es mayor de la real.
Otra investigación analiza la
relación entre el enfoque de los anuncios sobre cuestiones medioambientales
(positivo, neutro o negativo) y la preocupación por el medioambiente en los
receptores. Los resultados señalan qué zonas del cerebro se activan en cada caso.
Cuando el mensaje remite a estímulos negativos de pérdida, se produce una
activación asociada de la amígdala (núcleo de control de las emociones) y la
corteza media prefrontal, especialmente en personas ya preocupadas por el
medioambiente. Por ello, los hallazgos de este trabajo explican, entre otros
aspectos, que nuestras ideas previas también influyen en cómo reaccionamos.
Y, por último, otro estudio
revisado evalúa la atención y emoción de los espectadores audiovisuales durante
los discursos políticos. De acuerdo con los resultados, tanto la atención como
la emoción aumentan cuando se producen cambios sonoros o visuales respecto a
los registros precedentes (por ejemplo, los aplausos). También se pudieron
advertir dos estructuras exitosas de discurso: una en crecimiento “atencio-emocional continuo y sostenido”,
y otro con un comienzo explosivo y sostenimiento en atención y emoción
posterior.
Resultados heterogéneos
¿Permite la neurociencia entonces
construir un mapa del impacto de los medios? Todavía no. Los resultados
alcanzados hacen referencia a cuestiones muy concretas y no comparables, que
solo coinciden en dos estudios de manera marginal (importancia de la emoción
para recordar la información publicitaria).
La aplicación de la neurociencia
al estudio de los efectos de los medios de comunicación constituye un campo
emergente. En este momento histórico, ese tipo de estudios parecen constituir
otra vía más para comprender cómo los medios de comunicación nos afectan. Quizá
en un futuro cercano sus resultados se vayan complementando con los ofrecidos
por el resto de enfoques y sean más generalizables.
En resumen, la neurociencia nos
da pistas interesantes pero todavía no puede dar una respuesta definitiva.
Entender cómo nos influyen los medios sigue siendo un rompecabezas sin armar
del todo.
Óscar
Díaz Chica

Comentarios
Publicar un comentario