Orriols y Rahola


 Varios analistas y medios han señalado en los últimos años un fenómeno sorprendente, la coincidencia de marcos discursivos entre Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana y referente de la extrema derecha identitaria y xenófoba, y Pilar Rahola, figura mediática históricamente vinculada al soberanismo liberal.

A pesar de provenir de tradiciones políticas aparentemente opuestas, comparten posiciones que, según fuentes consultadas -entre ellas el libro de Xavier Rius Sant, Aliança Catalana: els nostres ultres– revelan una sintonía ideológica más profunda de lo que podría parecer.

Estas coincidencias no son anecdóticas, sino que responden a un relato común sobre inmigración, identidad y geopolítica que ha ido ganando espacio en el debate público catalán.

Una de las coincidencias más destacadas es su defensa explícita del gobierno de Benjamin Netanyahu, incluso en momentos en que organismos internacionales han denunciado crímenes de guerra y violaciones de derechos humanos en Gaza.

Pilar Rahola ha sido una de las voces más activas en defensa de Israel en los medios catalanes. Ha justificado operaciones militares, auténtico genocidio, y ha acusado de «complicidad con el terrorismo» a las ONG y colectivos que denuncian el sufrimiento del pueblo palestino.

Sílvia Orriols, desde otro espacio político, ha presentado a Israel como un «muro de contención contra el islamismo», alineándose con el discurso de la extrema derecha europea.

Según Rius Sant, esta coincidencia no es casual: «la islamofobia es el puente que une a Rahola y Orriols, aunque lo expresen con registros diferentes».

Otro punto de encuentro es el discurso que atribuye el deterioro de los servicios públicos a la inmigración.

Rahola ha afirmado en varias intervenciones que «la inmigración descontrolada» presiona escuelas, sanidad y servicios sociales, si bien Orriols lo formula de manera mucho más agresiva, ya que culpa directamente a los inmigrantes del colapso sanitario, de la inseguridad y de la falta de ayudas para los catalanes «autóctonos».

En un episodio significativo, cuando Rahola advirtió que «los servicios sociales no pueden asumir según qué cargas migratorias», Orriols celebró públicamente la declaración como una «verdad incómoda».

Analistas como Sergi Picazo han señalado que Rahola ha contribuido a normalizar marcos que la extrema derecha -en este caso Orriols- ha radicalizado y convertido en programa político.

Aunque Rahola se presenta como progresista y como ultranacionalista, ambas comparten un nacionalismo identitario que divide a la sociedad entre «los de casa» y «los demás».

Rahola ha defendido un catalanismo esencialista y excluyente, aunque disfrazado a menudo como moralizador. Y Orriols lleva este esencialismo al extremo: catalanidad como identidad étnica, exclusión de los «no catalanes» y un proyecto de país basado en la pureza cultural.

Según varios analistas, esta coincidencia en el marco identitario explica por qué determinados discursos han circulado con facilidad entre sectores muy diferentes del soberanismo.

Tanto Rahola como Orriols se presentan como voces valientes que dicen aquello que «los demás no se atreven a decir». Rahola lo hace desde un estilo mediático emocional y moralizador y Orriols lo hace desde la provocación y el lenguaje de la extrema derecha.

Pero el mecanismo es idéntico: crear un enemigo -inmigración, islam, izquierdas, ONG, periodistas críticos- y presentarse como la voz que rompe el silencio.

Esta estrategia comunicativa, según diversos estudios, es clave en la consolidación de los discursos de odio y en la polarización social.

Además del libro de Rius Sant, diversos medios y analistas han remarcado estas similitudes con la publicación de varios artículos en EL Triangle, El Mundo y Nació Digital que han destacado que Rahola ha contribuido a legitimar marcos que Orriols ha extremado.

Analistas como Joan Coscubiela han advertido de que determinados discursos identitarios «abren la puerta» a la extrema derecha y muchos investigadores en comunicación política han señalado que Rahola y Orriols comparten un relato de «choque de civilizaciones» que sitúa al islam como amenaza estructural.

Ahora bien, las coincidencias entre Sílvia Orriols y Pilar Rahola no son fruto del azar, sino que responden a un marco ideológico compartido que combina islamofobia, defensa acrítica del gobierno israelí, culpabilización de la inmigración, nacionalismo identitario y un estilo comunicativo excluyente.

Una lo hace desde el plató y la tribuna mediática. La otra, desde el populismo ultraderechista.

Pero el relato de fondo es sorprendentemente similar y, sin lugar a dudas y según varios analistas, contribuye a normalizar discursos que erosionan la cohesión social y alimentan la polarización, la crispación y el odio a los más vulnerables.

Pedro Jesús Fernández

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