Entre procesiones y verbenas: seguimos aferrados a las fiestas populares, especialmente los jóvenes.
La creciente digitalización de la vida, junto a la incorporación de la inteligencia artificial, puede hacernos creer que nuestro mundo se está reduciendo a lo virtual, especialmente entre la población más joven.
Este
colectivo identifica las redes sociales como fuente de entretenimiento, pero
también como el medio que satisface sus necesidades de socializar. Las redes
son mucho más que un escaparate: son también fuente de nuevas relaciones cara a
cara y altavoces de convocatoria a la participación en eventos sociales y
cívicos del “mundo real”.
De hecho, las publicaciones más difundidas son,
precisamente, las que registran fiestas y celebraciones, por encima de
cualquier otra actividad.
La experiencia y las redes sociales son un binomio.
Vivir la celebración y mostrarla son dos gestos casi inseparables. La pregunta,
entonces, no es por qué vuelven las fiestas –que, en realidad, nunca se
fueron–. La pregunta es por qué seguimos creyendo que habían desaparecido.
Tradición elegida, no heredada
“En España no vas a aburrirte porque hay tantas
fiestas populares repartidas durante el año que siempre hay una cita
interesante en el calendario”.
Así
arranca “Fiestas de España”, del
Portal Oficial de Turismo de España. La guía abarca 317 recomendaciones de
festejos, desde la Navidad y los Reyes Magos, pasando por los Carnavales, las
Fallas, la Semana Santa, la Feria de Abril y las Hogueras de San Juan, hasta la
Tomatina.
Esta información suele conducir a una forma de
percibir España y a sus gentes popularizada en su refranero: “Quien ríe y canta, sus males espanta”.
España
es un país aferrado a sus festejos, que organizan nuestras identidades, valores
y relaciones sociales. Eso explica por qué las fiestas patronales y religiosas
siguen movilizando a millones de personas en un país crecientemente
secularizado: no se perciben como estrictamente religiosas, sino como un
símbolo.
De hecho, según datos del CIS el 84,9 % de los
españoles piensa que la Navidad es una fiesta de carácter familiar y solo un
36,1 % las percibe con significado religioso.
Ahora
cada persona decide con qué rituales vincularse, cómo hacerlo, qué tradiciones
merecen su tiempo y cuáles no en cada etapa de su vida.
Por ese motivo las fiestas no desaparecen, pero
tampoco permanecen intactas: se reinventan continuamente manteniendo su función
ritual pero con otro significado.
Mezcla de religiosidad y tradición popular en verano
En julio España celebra fiestas que combinan
religiosidad, historia y tradición popular. Entre ellas los sanfermines, que
marcan nueve días de encierros, devoción al santo y vida callejera en los que
visitantes y vecinos visten atuendo blanco y pañuelo rojo.
También en julio, la aldea gallega de Sabucedo acoge
la rapa das bestas, donde se bajan los caballos salvajes de los montes para
cortarles las crines. Es un ritual que simboliza el vínculo histórico entre la
comunidad y su territorio.
Mientras
que a finales de julio, las fiestas de moros y cristianos de localidades
alicantinas recuerdan año tras año las disputas medievales por el territorio
mediante desfiles y batallas teatralizadas.
Y a lo largo de agosto, las ferias y fiestas
populares se suceden en decenas de pueblos y ciudades españolas sin apenas
descanso.
Nuevos tiempos, nuevas maneras de vivirlos
Los
datos de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024–2025 del Ministerio
de Cultura permiten matizar bastante la idea de que la juventud vive de
espaldas a lo presencial.
Es
más, las nuevas generaciones presentan las tasas más altas de participación
cultural en prácticamente todos los ámbitos.
En
especial, destacan en la asistencia a espectáculos en directo.
Entre
quienes asisten al teatro, los jóvenes de los 15 a los 19 años ocupan un 28,7
%.
También tienen un peso importante en los conciertos de
música actual, sobre todo en festivales y macrofestivales.
La
danza, el flamenco y el baile español son la opción elegida por un 15,1 % de
los jóvenes que asisten a espectáculos, mientras un 6,7 % se decanta por la
danza folklórica.
Además, el 35,7 % de la población joven asistió, en
los dos últimos años, a manifestaciones de cultura tradicional o patrimonio
inmaterial como carnavales y fiestas de pueblo.
Procesiones, peregrinaciones y romerías
En
cuanto a las procesiones de Semana Santa, el 37 % de la población española en
general ha asistido ocasionalmente, frente a un 20 % que lo hace con
normalidad.
Entre quienes las frecuentan, algo más del 30 % lo
hace por motivos religiosos, el 21,5 % por tradición y cerca del 20 % para
participar en una celebración popular.
Un patrón similar aparece en el Camino de Santiago:
las estadísticas de la Oficina del Peregrino muestran que en 2025 el 43 % de
los peregrinos eran españoles. De ellos, solo la mitad hizo el camino por
motivos religiosos.
Otros eventos de carácter religioso que aglutinan a
multitudes más allá de sus creencias son las fiestas del Corpus y las romerías,
siendo entre ellas la del Rocio, en Huelva, una de las más célebres.
Las
fiestas en España no han perdido vigencia.
Ya
no son solo tradiciones heredadas, sino una elección adaptada a nuevas
sensibilidades y maneras de vincularse.
Jóvenes y adultos siguen llenando plazas,
procesiones, conciertos y ferias porque la presencialidad no ha desaparecido.
Nicolas Ureña Bautista
Felix Requena Santos

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