Messi es mayor, bajito y lento: ¿por qué sigue dominando en el Mundial?
Lionel Messi tiene 39 años. Mide
1,70 metros, menos que casi todos los defensas contra los que juega. Nunca ha
destacado por su velocidad, y ahora es aún más lento.
Y, sin embargo, al ver este
Mundial, costaría mucho nombrar a un jugador que esté causando más daño: hasta
ahora ocupa la posición de máximo goleador (seis goles), empatado con el
francés Kylian Mbappé.
¿Cómo puede alguien con tan
aparentemente escasa capacidad atlética –al menos en comparación con sus
compañeros– seguir siendo el mejor jugador sobre el terreno de juego?
¿Realmente importa la capacidad
atlética?
Quizá el enigma está planteado al
revés. A muchos les sorprende el éxito de Messi porque nos han hecho creer que
lo que hace grande a un deportista gira principalmente en torno al cuerpo:
velocidad, altura, fuerza, condición física… En base a esos criterios, Messi
parece una excepción.
Pero ¿y si el problema fuera
precisamente que nos hemos creído una historia errónea? ¿Y si el fútbol nunca
hubiera sido una competición en la que triunfan los que reúnen los mejores
atributos físicos?
Johan Cruyff, el gran jugador,
entrenador, comentarista y filósofo del fútbol holandés, lo vio con claridad
hace medio siglo cuando dijo:
¿Qué es la velocidad? La prensa deportiva suele
confundir la velocidad con la perspicacia. Si empiezo a correr un poco antes
que otra persona, parezco más rápido.
El comentario suena a acertijo,
pero un jugador rápido no suele ser aquel que tiene las piernas más rápidas. A
menudo son los que salen antes y llegan los primeros. Lo que parece velocidad
es, muy a menudo, una ventaja inicial conseguida gracias a la percepción.
Cruyff ya lo entendió hace
tiempo. Lo que hemos podido hacer ahora es medirlo.
La importancia de escanear el
campo
Piense en lo que ocurre en los
segundos previos a que Messi reciba un pase. Obsérvelo durante 30 segundos
cuando el balón no está ni cerca de él: su cabeza rara vez se queda quieta. Una
mirada por encima del hombro izquierdo, otra a la derecha y luego de vuelta al
jugador que tiene el balón.
Nada de esto parece
extraordinario hasta que nos damos cuenta de que ya ha recabado información que
otros aún no han encontrado, o que al menos son menos hábiles a la hora de
encontrarla.
Para cuando el balón le llega, él
ya sabe dónde están los defensas y sus compañeros, y también dónde se abrirán
los huecos. El control, el giro, el pase que desbarata la defensa: todo eso es
la parte fácil. La parte difícil ocurre incluso antes de que haya tocado el
balón.
Mirar alrededor, no solo al balón
Llevamos más de una década
estudiando cómo los futbolistas recaban información antes de recibir el balón.
Trabajando con deportistas desde canteras hasta profesionales de primera línea,
les colocamos pequeños sensores de movimiento en la nuca y registramos con qué
frecuencia y en qué ángulo se giraban para mirar a su alrededor durante un
partido.
Estábamos midiendo lo que
llamamos “exploración visual” o, en
términos más sencillos, “escaneo”.
Nos
planteábamos una pregunta sencilla: ¿cuánto miran a su alrededor los jugadores
antes de que el balón les llegue?
Y, sobre todo, ¿es eso
importante?
El
resultado fue consistente y claro “sí”.
Los
jugadores que escaneaban con mayor frecuencia en los segundos previos a recibir
el balón eran más rápidos a la hora de realizar su siguiente pase, más
propensos a girarse con el balón en lugar de jugar de forma segura hacia atrás
y más proclives a realizar un pase hacia delante que realmente supusiera una
amenaza para el rival.
La información que recopilaban
antes de que les llegara el balón determinaba lo que eran capaces de hacer una
vez que lo recibían. El escaneo es la forma en que un jugador obtiene esa
información en primer lugar.
Nuestro
trabajo distingue dos fines del escaneo.
El
primero es la orientación: mirar alrededor para descubrir qué ofrece todo el
campo, qué opciones existen, dónde está el peligro y qué oportunidades podrían
surgir.
El segundo es la especificación:
la observación más detallada y posterior que guía la ejecución de un pase.
La orientación es lo primero y es
lo que tendemos a descuidar, tanto en la investigación como en el
entrenamiento, porque ocurre lejos del balón, cuando no parece estar sucediendo
nada espectacular. Sin embargo, es la base del juego. No puedes dirigir un pase
hacia un lugar que nunca has visto que estaba ahí. Cruyff lo expresó así:
Solo hay un momento en el que puedes llegar a
tiempo. Si no estás ahí, o llegas demasiado pronto o llegas demasiado tarde.
Aquí
es donde Messi deja de ser una anomalía y se convierte en el ejemplo más claro
que se pueda imaginar de lo que este deporte premia.
Nunca
ha superado a sus rivales principalmente con su físico.
Los supera con el tiempo, y
triunfa al ver las jugadas antes que nadie.
Si
es más lento no importa, porque no está compitiendo con nadie: ha conseguido,
gracias a una percepción más temprana y mejor, que nunca tenga que hacerlo.
Su cuerpo más bajo, más lento y
más envejecido no es una desventaja que supere gracias a su genio: es una señal
de que el cuerpo nunca fue lo principal.
La habilidad que se puede
desarrollar
Por
supuesto, la visión de juego no lo es todo.
La técnica, la experiencia y las
tácticas de equipo también importan. Pero sin información oportuna, esas
cualidades rara vez tienen la oportunidad de manifestarse.
Hay
una lección que extraer de todo esto: la percepción es algo que podemos
desarrollar, de forma deliberada, en jugadores que nunca serán los más rápidos
ni los más altos.
Los entrenadores ya lo intuyen
cuando gritan eso de “¡mira por encima
del hombro!” a un jugador a punto de meterse en un lío o de perder de vista
a un rival.
Nuestros datos sugieren que el
hábito de escanear el campo antes de que llegue el balón se puede entrenar
desde una edad temprana.
Donde realmente reside la
grandeza
Llevamos un siglo formando a
deportistas en el gimnasio, pero mucho menos tiempo desarrollando aquello que
Messi tiene en abundancia.
Así
que, la próxima vez que alguien pregunte cómo un hombre de 39 años, que mide
solo 1,70 m, sigue dominando un Mundial, fíjese en su cabeza, no en sus pies.
La grandeza nunca se ha escondido
en el cuerpo: siempre ha estado en la mirada.
Gert-Jan
Pepping
Thomas
McGuckian
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