El lobo está aquí, y muerde. ¡Matémoslo!
«¡He
matado al lobo!», grita el personaje Manelic de la obra Terra Baixa, de Àngel
Guimerà.
En
febrero de 1895, Guimerà explicaba su obra diciendo que «Manelic, un chico inocente, todo candor y experiencia, deja su rebaño
en unas cumbres de los Pirineos de donde no ha salido nunca y va a casarse a la
llanura, a la Terra Baixa, donde sólo encuentra que falsedad, malicia…».
Manelic
se enamora de Marta, que es la amante del dueño de una granja, Sebastià. Lo
acaba matando y huyendo con Marta.
«¡He matado al lobo!», grita el protagonista de este clásico del teatro
catalán.
En
la Terra Baixa donde ahora vivimos hay muchos lobos. Están libres. Y hacen lo
que quieren. Nadie los detiene. Son lobos del siglo XXI. Diferentes de los que
imaginó Guimerà.
Cuando
advertimos de su existencia nos dicen que siempre estamos igual, que
presentamos el espantajo de los depredadores sin compasión porque no tenemos
argumentos para defender nuestras ideas y propuestas.
En el terreno electoral, nos
recriminan que queramos recoger votos no tanto de los que están de acuerdo con
nuestras ideas como de los que tienen miedo de los lobos de la derecha y la
extrema derecha.
Sea
por una razón o por la otra, lo que es innegable es que los lobos amenazan
nuestra democracia, nuestra sociedad, nuestras vidas.
Los lobos de ahora tienen mucho
dinero, casi que podríamos decir que tienen todo el dinero. Y con ese dinero
mueven el mundo, compran voluntades y envenenan las mentes de los ciudadanos.
Hay lobos que son los dueños de
las plataformas digitales que utiliza todo el mundo, los hay que dirigen medios
de comunicación que más bien son medios de desinformación y de difusión del
odio a los que les molestan, los hay que crean entidades para trasladar este
odio a los juzgados y hay jueces que lo asumen y lo convierten en persecuciones
y sentencias contra personas inocentes y progresistas.
En
España lo estamos viendo desde hace años.
Especialmente
desde que Pedro Sánchez fuera reelegido presidente del gobierno español hace un
par de años.
Los
lobos empezaron a clavar dentelladas a diestro y siniestro.
La
pieza más preciada es la esposa del presidente del gobierno.
Todo
el mundo ve que quienes dirigen la jauría juega sucio, que tanto les da que el
mundo vea su impunidad, arbitrariedad y maldad.
Pero
saben que nadie les parará los pies.
No
les importa lo más mínimo el daño que hacen a las víctimas de sus mordiscos.
¿Quién
puede justificar sin enrojecer que el juez Juan Carlos Peinado haya estado dos
años tratando de humillar y perjudicar a Begoña Gómez y, de paso, al gobierno
progresista español y a su presidente?
Hay
que tener muy poca vergüenza para encontrar alguna lógica en la actuación de
este juez que no sea la de favorecer los intereses de la extrema derecha y de
partidos como el PP, al que representa como concejala de Pozuelo de Alarcón su
hija, Patricia.
¿Qué tipo de sistema judicial
tenemos que permite que el padre de una concejala del PP investigue a la mujer
del presidente socialista, dirigente de un partido rival del de su hija?
La guinda
del pastel la ponen los superiores jerárquicos de este títere de la derecha que
no le han enseñado el camino de salida de la profesión a pesar de sus
reiteradas estupideces procesales.
No sólo no lo han hecho sino que
le han aceptado la broma de que Gómez sea sometida a un juicio popular para
mayor gloria y satisfacción de los que le gritan «hijo de puta» a su marido en manifestaciones, conciertos o actos
públicos.
Los
lobos están envalentonados.
Acaban
de morder al hermano del presidente, David, porque unos compañeros de profesión
y de ideología de don Peinado, lo han inhabilitado durante nueve años porque lo
contrataron en la Diputación de Badajoz. Su delito «cooperar en una prevaricación administrativa».
¡Qué barbaridad!
Hacía años que trabajaba como
coordinador de los conservatorios de la Diputación extremeña pero, de repente,
una de las herramientas ultras, los cuatro fachas que se reúnen bajo el nombre
de Manos Limpias, llevó unos recortes de medios de comunicación de la
Fachosfera al juzgado y un tribunal se ha inventado una prevaricación a
posteriori, tan ridícula como indignante.
Los
lobos, sin embargo, aún no han conseguido la pieza mayor. Pedro Sánchez se
resiste y continúa en la Terra Alta.
Son necesarios muchos Manelics
que se desplacen a la Terra Baixa y maten a todos los lobos.
No
sólo en España necesita Manelics.
Hacen
falta en medio mundo, empezando por Europa, siguiendo por Estados Unidos y
pasando por América Latina.
Nos lo recuerdan los dos
excelentes documentales sobre la extrema derecha en Europa con los que el
periodista Raül Gallego ha abierto la tercera temporada de la serie Punt de no
retorn, a 3Cat.
¡A Vox y a los lobos no les ha
gustado, evidentemente!
Siscu
Baiges

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