50 años del nombramiento de Adolfo Suárez como presidente de España: un líder en tiempos turbulentos
Con solo 43 años, el 3 de julio
de 1976 Adolfo Suárez se convirtió en presidente del Gobierno. Su ascenso fue
solo el principio. En los meses siguientes, este político que había hecho
carrera en el franquismo, director general de Radio Televisión Española entre
1969 y 1973 y, desde abril de 1975, ministro secretario general del Movimiento
(el partido único del régimen), protagonizó la transformación de la dictadura
en una democracia.
A través de la Ley de Reforma
Política, aprobada en referéndum en diciembre de 1976, desmanteló el aparato
institucional al que pertenecía y pilotó la transición democrática buscando el
consenso. Las decisiones de sus primeros meses de mandato fueron controvertidas
(amnistía, legalización del PCE, Pactos de la Moncloa, convocatoria de
elecciones democráticas…) y generaron desconfianza, tanto entre los sectores
inmovilistas como entre la oposición, que recelaba de sus orígenes.
Nombramiento
Los
desacuerdos entre el rey Juan Carlos I y el presidente Carlos Arias Navarro,
que había sido incapaz de reformar la dictadura, provocaron la dimisión de este
último.
El 3 de julio de 1976, el monarca
encargó la formación de un nuevo gobierno a Adolfo Suárez. A pesar de la lógica
desconfianza de la oposición, fue sumando voluntades y lideró la transición de
la dictadura de Franco (1939-1975) a la democracia.
Primeros pasos: amnistía y
diálogo
Suárez anunció que iba a convocar
elecciones al año siguiente. Y reforzó sus palabras con una amnistía para “todos los delitos y faltas de
intencionalidad política y de opinión” con la única exclusión de la
violencia. Aunque continuaron exigiendo una “amnistía total”, los antifranquistas valoraron positivamente el
gesto.
Además, el Gobierno estableció un
diálogo con toda la oposición, incluyendo a las organizaciones terroristas. Por
medio del Servicio Central de Documentación (SECED), entró en contacto con las
dos ramas de ETA, que aquel año asesinaron a 17 personas. ETA político-militar
aceptó esa vía, pero ETA militar se cerró en banda.
Los ultras
También
se cerró la extrema derecha, que tachaba al presidente de “traidor”, “perjuro”, “masón” y “Judas”. En palabras de uno de sus militantes más conocidos, Ernesto
Milà, Suárez constituía “la quintaesencia
de lo que todos nosotros odiábamos”.
Era
“indiscutiblemente la bestia negra de la
ultraderecha, al mismo nivel que Santiago Carrillo”.
Este sector conservaba una fuerte
presencia en sectores clave de las estructuras del Estado, desde los que
intentó torpedear los esfuerzos de Suárez. En septiembre el general Fernando de
Santiago dimitió como vicepresidente del Gobierno. Al mes siguiente, el Consejo
Nacional del Movimiento elaboró un informe contra la Ley para la Reforma
Política, diseñada para desmantelar las estructuras franquistas y convocar unas
elecciones libres.
Con
todo, el 18 de noviembre la Ley llegó a las Cortes: 13 procuradores se
abstuvieron, 425 votaron a favor y otros 59 lo hicieron en contra.
Entre
quienes se opusieron estaba Blas Piñar, quien denunció que el texto pretendía “la sustitución del Estado nacional por el
Estado liberal. La liquidación de la obra de Franco”. No le faltaba razón.
Por “perjuro” y por “masón”
Como
reacción, los involucionistas se echaron a la calle.
El
20 de noviembre la Confederación Nacional de Combatientes conmemoró el primer
aniversario del fallecimiento del “Caudillo”
y el cuadragésimo del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera con una concentración
en la plaza de Oriente. Los cerca de 100 000 asistentes lanzaron gritos contra
sus enemigos: “¡Procuradores, sois unos
traidores!”, “¡Juan Carlos, Sofía, el
pueblo no se fía!”, “¡Suárez
dimisión, por perjuro y por masón!” y “¡Tarancón
al paredón!”.
También hubo lemas nostálgicos
como “¡Franco resucita, España te
necesita!” y apelaciones directas al golpismo: “¡Ejército al poder!”.
1976: el año de la violencia
A decir del entonces ministro de
la Gobernación, Rodolfo Martín Villa, la extrema derecha “pisaba a fondo el acelerador del activismo para intentar contrarrestar
la marea que se avecinaba”. A lo largo de noviembre se produjeron ocho
atentados contra el mundo del libro. En la librería Pórtico (Zaragoza) los
atacantes dibujaron cruces gamadas en el escaparate de junto a un mensaje
amenazador que incluía estas palabras: “Los
comunistas, como los bárbaros, necesitan traidores que les abran las puertas”.
Tal vez por eso, como ha
calculado la hispanista Sophie Baby, 1976 fue el año en el que se produjeron
más atentados de signo ultra en toda la Transición. Obviando las amenazas, hay
153 contabilizados. Las estadísticas del Ministerio del Interior elevaban la
cifra a 243. Se registraron cuatro víctimas mortales: Aniano Jiménez Santos y
Ricardo García Pellejero el 9 de mayo, María Norma Menchaca, el 9 de julio, y
Carlos González Martínez, el 27 de septiembre.
La Ley de Reforma Política
De
acuerdo con una circular interna, el Gobierno era consciente de que, si el
resultado del referéndum le resultaba adverso, las consecuencias “pueden ser graves”.
El
conjunto de la oposición, tanto la democrática como la vinculada a ETA y la
adscrita a la rama “auténtica” de
Falange, se decantó por la abstención. En cambio, la ultraderecha pidió a la
ciudadanía que emitiese una papeleta negativa: “Franco hubiera votado no”.
Según el diario derechista El
Alcázar, la Ley “favorece los esfuerzos
de los marxistas para convertir España en una república marxista, federal y
descristianizada”.
Tan
solo cuatro días antes del plebiscito, el 11 de diciembre, los GRAPO (Grupos de
Resistencia Antifascista Primero de Octubre) secuestraron a Antonio María de
Oriol Urquijo, presidente del Consejo de Estado y antiguo ministro de Justicia.
La
extrema izquierda violenta trataba de torpedear el proceso de democratización.
Se trataba de un objetivo compartido por la ultraderecha. Esa misma jornada
comenzó el I Congreso de Fuerza Nueva (partido de extrema derecha), que terminó
el 13 de diciembre. Su líder, Blas Piñar, dedicó el discurso de cierre a atacar
al PSOE, a Alianza Popular, al Gobierno y al rey. De acuerdo con la crónica de
El País, “su intervención fue
constantemente interrumpida con aplausos, gritos de ‘traidores’ y asentimientos
fervorosos”.
A
pesar de los GRAPO y de la extrema derecha, el referéndum se desarrolló con
normalidad el 15 de diciembre.
Con un 77,72 % de participación,
el “sí” a la Ley para la Reforma
Política obtuvo 16 573 180 votos (el 94,45 % del total) y el “no”, únicamente 450 102 (el 2,56 %).
Aquel resultado demostraba que
solo una exigua minoría de los españoles deseaba un franquismo sin Franco. Fue
el primer gran éxito de Adolfo Suárez y su equipo.
Luego vendrían la Constitución de
1978, la crisis de su partido (la Unión de Centro Democrático), el acoso
político, su dimisión el 29 de enero de 1981, el 23-F, la etapa del CDS (Centro
Democrático Social) y la tragedia personal del alzhéimer, que borró sus
recuerdos mientras su figura como líder histórico de la transición política se
instalaba definitivamente en la memoria colectiva.
Gaizka Fernández
Soldevilla
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