La perversa actitud del presidente del Gobierno ante la tragedia


Que la tragedia esté rodeada de la más repugnante miseria no podría imaginarlo nadie. Pues este Gobierno impregna la tragedia de maledicencia, mentira, oscuridad, crueldad y vileza. Los españoles hemos perdido rotundamente la más mínima confianza en este Gobierno y ello, por supuesto, nada tiene que ver con ideologías. Solo tiene que ver con una corrupción asfixiante, con un ataque despiadado a la Constitución, a la independencia judicial, al Estado de derecho, a la libertad y a la democracia, por parte del presidente del Gobierno, y a una forma de entender el poder y del proceder diario, inspirada en lupanares.

Me cuesta enormemente hablar de la tragedia que durante meses va a estar en nuestros corazones, pues el luto es constante y permanente en las personas de bien, y es constante y permanente, además, con las demás tragedias.

Pero, aunque solo hayan pasado pocos días, la vileza del Gobierno es de tal envergadura que desde la sociedad civil hemos de denunciar los comportamientos tan inadmisibles de su presidente y del responsable de infraestructuras, además de otros ministros.

Dadas las informaciones libres que estamos escuchando, tanto de responsables de la conducción de trenes, como son los propios maquinistas, el personal asignado a todos los niveles —centro de control, sindicatos del ramo—, las evidencias de las primeras investigaciones de la Guardia Civil, con fotos directas tras los primeros momentos en la llegada a los trenes, con un tramo de vía roto, y también de verdaderos expertos técnicos libres, ingenieros y otros muchos especialistas, hemos de concluir que esas evidencias apuntan a la verdadera realidad.

En contra, las vaporosas, nada creíbles y escasas palabras del presidente del Gobierno, que únicamente llama a seguir su información y no la de “los bulos”, y desaparecido tras su breve y única aparición.

Después, las muchas intervenciones en solitario del ministro del ramo, con permanentes contradicciones y explicaciones técnicas incomprensibles. Desmintiendo la falta de inversiones cuando es un hecho constatado, desmintiendo que esté obsoleto el sistema cuando lo está y, mientras, a la par, declarando obsolescencia en el siguiente accidente ferroviario de Cataluña. Dice que “es un sistema seguro, pero a veces ocurren estas cosas”; esto me parece la sublimación de la desvergüenza, sabedores de que hay muchas causas posibles de accidentes no solucionadas ni afrontadas, y ocultarse en el hecho de que, evidentemente, siempre puede ocurrir un accidente, pero reitero, ocultando informaciones cuyas realidades, bien aplicadas, por supuesto que garantizan acotar muchísimas causas de un accidente.

Los maquinistas se van a manifestar y, evidentemente, lo que ellos han denunciado tantas veces es la verdad en aras de la seguridad y no la mentira del ministro y otros ministros, amparada por la de su presidente, que cobardemente no da la cara y promueve, él sí, la desinformación y los bulos más grotescos y perversos.

¡Qué auténtica ignominia ocultar la verdad de lo que está ocurriendo y aderezarlo con la corrupción más lacerante que corroe a la presidenta de Adif, entre otros, junto a contratos impuestos para gratificar favores carnales, mezclado con comisiones irrespirables, en vez de realizar las inversiones del dinero de todos los españoles para garantizar la seguridad de las personas y no para robar a los españoles!

No hay palabras para calificar todo esto. Es una auténtica depravación de quien no conoce ética alguna, ni con lo ocurrido con los trenes, ni con las inundaciones, ni los incendios, ni el apagón nacional, ni los guardias civiles de Barbate, ni el volcán de La Palma, ni la pandemia, ni nada de nada.

Por cierto, un funeral de Estado es un funeral de Estado, y no una estafa circense —espero que los andaluces no permitan tal bajeza y desvergüenza— al gusto de una persona sin ética alguna, que ha traicionado hace mucho tiempo a todos los españoles y que no conoce la más mínima decencia.

Amalio de Marichalar Conde de Ripalda. 

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