¿Con quien iria Abascal si Trump nos invadiese?
La realidad, hablando de seguridad mundial, es que nuestra seguridad no depende de nosotros.
Estamos aliados con quien nos humilla y amenaza en estos momentos, escribe el articulista. La triste realidad, volviendo a Julio Iglesias, es que Europa es la trabajadora del hogar en la mansión de Miami: sin margen para actuar y sin más remedio que aceptar vejaciones del poderoso amo durante años y años.
Un día te obliga a aumentar el gasto militar –comprándole el armamento a él mismo– y al siguiente amenaza con invadirte.
Si en política internacional existe algo parecido al bullying y al maltrato, es esto.
Tecé recuerda oportunamente a don Antonio Machado al final de su artículos y, también, a uno de los que se dicen patriotas patriotas y no dejan de celebrar al presidente del pelo rojo: Hoy, con Trump amenazando con invadir Europa, sabemos que Antonio Machado tenía razón cuando dijo que los que se dicen patriotas golpeándose el pecho, siempre venden la patria.
¿Con quién creen que irán Abascal y su camiseta de la Legión si Trump decide invadirnos?
¿Es el enemigo? Que se ponga y nos explique de qué va esta guerra.
Porque se suceden los acontecimientos históricos y los vamos llamando lunes, martes o miércoles como si tal cosa. Si Trump no nos hubiera acostumbrado a una actualidad tan desquiciada, el último acontecimiento histórico, la OTAN amenazando con atacar a la propia OTAN, sería percibido en la frutería como un asunto estratosférico.
Algo descomunal, dantesco, que diría un Pedro Piqueras que fue a jubilarse justo cuando los adjetivos horribles empezaban a encajar en la actualidad tan bien como un quejío en una soleá.
Las amenazas de Trump contra Europa suponen el fin de una era de 80 años durante los que nos hemos repetido a nosotros mismos que los malos, los que quieren invadirnos, son los otros. Ya no es así. La noticia de que EEUU se plantea tomar por la fuerza Groenlandia es tan brutal, tan descabellada, tan loca hasta hace no tanto tiempo, que hablar de sorpresa es poco. Muy poco.
Para que nos hagamos una idea, su equivalente en prensa rosa sería que Julio Iglesias anunciase una relación con Leticia Dolera, a la que admira por su compromiso feminista.
Que la mayor coalición militar de la Historia se ataque a sí misma suele ser un lío por diversos motivos.
El primero de ellos es que, si usted ha veraneado alguna vez en Rota, habrá visto desde la orilla de la playa numerosos y gigantescos portaaviones norteamericanos. El lugar en el que están aparcados se llama base militar y servía –o eso nos contaron durante décadas– para que los yankis nos protegiesen.
A cambio, sólo teníamos que cederles posiciones militares estratégicas, nada, un detalle. Sorpresa. La realidad hoy es otra distinta. Mañana mismo, esos militares, aviones y barcos de guerra en territorio español podrían servir para invadir España si el señor naranja se levanta con antojo de ceviche y no es capaz de ubicar Perú en el mapa.
O si considerase que el Estrecho de Gibraltar es un sitio tan cojonudo y necesario para los intereses de Estados Unidos que lo va a poner a su nombre.
La realidad, hablando de seguridad mundial, es que nuestra seguridad no depende de nosotros. Estamos aliados con quien nos humilla y amenaza en estos momentos. La triste realidad, volviendo a Julio Iglesias, es que Europa es la trabajadora del hogar en la mansión de Miami: sin margen para actuar y sin más remedio que aceptar vejaciones del poderoso amo durante años y años.
Un día te obliga a aumentar el gasto militar –comprándole el armamento a él mismo– y al siguiente, amenaza con invadirte.
Si en política internacional existe algo parecido al bullying y al maltrato, es esto.
Mientras Trump decide si secuestrar de madrugada a la primera ministra danesa, si lanza bombas sobre Nuuk o se aburre de tanto hielo y toma Cuba, el humor absurdo sigue abriéndose paso.
Ni Gila con teléfono y casco vio venir que el próximo mes de marzo la OTAN tuviese previsto realizar en las costas de Groenlandia un simulacro de guerra en el Ártico.
En la simulación, si es que para marzo la cosa sigue siendo simulada, participarán muchos países miembros de la alianza. Países europeos, como Dinamarca, y también Estados Unidos aguantándose la risa floja.
Si esto es en el terreno militar, en el de las chaquetas y corbatas una delegación de alto nivel de Dinamarca y Groenlandia viajó esta semana a Washington para entregar un mensaje que la cadena Fox definió como “radical y poco realista”: no queremos que nos invadan.
Tras el encuentro, los nórdicos calificaron de “constructiva” la reunión al tiempo que reconocieron haber salido de ella con una idea bastante clara: “Es evidente que el presidente Trump desea conquistar Groenlandia”.
Y este es, en realidad, el gran éxito del presidente estadounidense: haber logrado que ya no se respeten ni las leyes de la lógica.
No puedes llamar constructiva a una reunión en la que se te amenaza con ser invadido.
No puedes recibir un Nobel de la Paz y regalarlo al presidente de Estados Unidos con la esperanza de que tu humillación pública le sirva de alimento y cambie de opinión.
No puedes, como hizo el presidente español, plantarte en Egipto para celebrar que el matón mundial ha dado por finalizado un genocidio que ha apoyado y que sigue en marcha.
Si algo hay que temerle a Trump es su espíritu profundamente fascista.
Si algo hay que celebrar de él es su enorme capacidad para destrozar, a base de ejercer una psicopatía de lo más sincera, los andamios de una estructura hipócrita.
Hoy, la derecha española ya no llora por la falta de democracia en Venezuela. Era falso, mentira, una excusa tan barata como barata ha resultado ser Delcy Rodríguez.
Hoy, la socialdemocracia europea, que en su momento compró el pack norteamericano completo, ya no da lecciones paternalistas a su izquierda explicando la importancia de la OTAN para protegernos de fantasmas invisibles.
Hoy, con los paramilitares de Trump enmascarados, manteniendo a niños asustados o disparando contra madres en sus coches, sabemos que la lucha contra la inmigración sin papeles no son palabras que tuitear en redes desde la cuenta de PP y Vox, grito sinos descarnados, llantos y sangre.
Hoy, con Trump amenazando con invadir Europa, sabemos que Antonio Machado tenía razón cuando dijo que los que se dicen patriotas golpeándose el pecho, siempre venden la patria.
¿Con quién creen que irán Abascal y su camiseta de la Legión si Trump decide invadirnos?
Hay que reformular las canciones de los ochenta. A algunos no los busquen en Groenlandia.
A otros pregúntenles qué harían en un ataque preventivo de EEUU.
Gerardo Tecé
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