Ese good night, happy new year de Maduro esconde más de lo que parece.
Esa felicitación de Nicolás Maduro esposado en Nueva
York esconde mucho más de lo que parece, según escribe el profesor de filosofía
de la Universidad de Salamanca. Venezuela, según Sarrión Andaluz, no es una
victoria imperial, es una confesión de debilidad.
Mucho músculo, mucha bandera y mucho ruido para
ocultar una realidad simple: el control se está perdiendo. Y cuando un imperio
entra en esa fase, se vuelve más agresivo, porque ya no sabe mandar de otra
manera. Mientras tanto, creer que el gobierno venezolano se va debilitar por
esta acción es tener los conocimientos políticos de un berberecho.
El último gran troleo de Maduro al Cheeto, ese “Good
night, Happy New Year”, esconde mucho más de lo que parece.
Como explica el economista Richard Wolff, los
imperios no recurren a la fuerza cuando están fuertes, sino cuando empiezan a
perder el control por vías económicas y políticas.
Por eso, no es descabellado pensar que la
intervención de Estados Unidos en Venezuela no sea una muestra de poder, sino
de debilidad.
Como es sabido, Venezuela concentra unos 300.000
millones de barriles. En los últimos años empezó a salirse del carril del dólar
y acercarse al entorno BRICS: comercio en otras monedas, acuerdos con China,
menos dependencia del sistema financiero estadounidense.
Y
ahí saltaron las alarmas. Porque Venezuela no es el problema central.
El
problema es el precedente.
Si un país con ese volumen de recursos puede operar
fuera del dólar y no hundirse, el castillo empieza a temblar. Y eso es lo que
no perdonan.
Entrar
a sangre y fuego a raptar a un presidente es la respuesta de un Imperio que se
siente acorralado: fuerza bruta y gasto público masivo.
Miles de millones en operaciones militares que
acaban en el complejo militar-industrial. Subidas inmediatas en bolsa de Exxon,
Chevron y compañía. Beneficios privados, costes sociales.
Pero
la clave, en mi opinión, es esta: si EE. UU. tuviera el control que presume, no
haría falta nada de esto.
El uso de la fuerza no demuestra liderazgo;
demuestra que las herramientas normales ya no funcionan. Cuando necesitas tanques
y secuestros de Presidentes para sostener tu modelo económico, es que ese
modelo está fallando.
Solo
el tiempo dirá si la pataleta surte efecto o si les sale por el lado contrario.
Si el golpe sirve para disciplinar, o si cada intervención empuja a más países
hacia BRICS, hacia sistemas alternativos, hacia menos dólar y menos obediencia.
Veremos si en lugar de frenar el mundo multipolar,
lo aceleran. Menos aliados, menos consenso y más Estados buscando salida.
De momento, Venezuela no es una victoria imperial,
es una confesión de debilidad.
Mucho músculo, mucha bandera y mucho ruido para
ocultar una realidad simple: el control se está perdiendo. Y cuando un imperio
entra en esa fase, se vuelve más agresivo, porque ya no sabe mandar de otra
manera.
Mientras tanto, creer que el gobierno venezolano se
va debilitar por esta acción es tener los conocimientos políticos de un
berberecho.
José Sarrión

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