El mundial respeta más la caja registradora que al futbol
Con ocasión del Mundial de Fútbol
ya en curso y en la jornada previa al primer partido de la selección española
-decepcionante para un equipo al que se le da por favorito, digan lo que digan
de su marca comercial los tediosos cronistas de nuestra televisión pública-, se
nos ofreció por TVE un programa en el que se dieron rasgos biográficos de la
trayectoria deportiva de cada uno de los integrantes de La Roja, empezando por
su entrenador.
Entre
las preguntas que se le hicieron no pudo faltar una referida a las dos breves
pausas para hidratación que el árbitro señala en cada uno de los dos tiempos de
cada partido, pausas que el entrenador español considera necesarias si el calor
aprieta y menos necesarias si no hay calor.
Esas pausas se nos han querido
vender como una atención a la salud de los futbolistas, cuando lo que prima, según
el entrenador alemán Jürgen Klopp, son los intereses de los patrocinadores, con
los tiempos de televisión dictando el ritmo del partido: “Un partido de la Copa del Mundo debería fluir como un río. En cambio,
estamos construyendo presas en medio de él para que los comerciales puedan
pasar. Eso es peligroso para el espíritu del juego. El fútbol alguna vez fue el
evento principal, pero ahora corre el riesgo de convertirse en la música de
fondo de un espectáculo publicitario. Nos dicen que estos descansos son por el
bienestar de los jugadores, y por supuesto la salud de los jugadores importa.
Pero cuando el juego empieza a doblar sus rodillas ante los tiempos de la
televisión, la gente va a hacer preguntas. El balón se supone que es la
estrella. No un descanso comercial. La Copa del Mundo es la catedral del
fútbol. Sin embargo, a veces da la sensación de que la hemos convertido en un
centro comercial donde la caja registradora recibe más respeto que el propio
partido. Si este es el futuro, entonces
el fútbol ya no está siendo interrumpido por los anuncios. El fútbol se está
convirtiendo en la interrupción entre los anuncios".
Nada que añadir, salvo que la
caja registradora podría acabar con el fútbol por aquello de que la codicia
rompe el saco.
Yo dejé de ver a La Roja en la
segunda de las pausas y sólo lamenté que la modesta selección de un pequeño
país africano que habla portugués no hubiera vencido al final.
Ana
Cardo

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