Lo que nadie le contará al papa León XIV en su visita a Barcelona
"La Iglesia catalana ha sido y es un importante instrumento de promoción
del separatismo"
El próximo día 9 y 10 de junio,
el papa León XIV visitará Barcelona y, entre los actos programados, está una
misa solemne en la basílica de la Sagrada Familia por el centenario de la
muerte de Antoni Gaudí y la bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo,
que es la torre central que corona dicho templo. Asimismo, entre otros actos,
tiene programada una gran vigilia con jóvenes y fieles en el Estadi Olímpic
Lluís Companys.
Y yo me pregunto: ¿alguien le
contará al Santo Padre que, durante los primeros meses de la Guerra Civil
Española —hace ahora noventa años—, en la retaguardia de la Cataluña del Front
Popular presidida por Lluís Companys, y especialmente en Barcelona, se desató
una descomunal persecución anticlerical (una de las más grandes de la historia),
en la que fueron quemadas o saqueadas más de 4.000 iglesias y conventos, se
asesinó a 2.437 religiosos y 4 obispos, así como a más de 6.000 laicos por el
mero hecho de ser identificados como católicos o personas de derechas?
¿Alguien
le contará que, el 20 de julio de 1936, grupos de milicianos asaltaron la
Sagrada Familia, incendiando la cripta y devastando los altares, las escuelas y
el obrador de Gaudí?
¿Y
que la tumba de su principal patrocinador, Josep Maria Bocabella (importante
librero y filántropo barcelonés, fundador de la Asociación de Devotos de San
José, quien ideó e impulsó la construcción del Templo Expiatorio de la Sagrada
Familia), y la de su sobrina, ubicadas en la cripta, fueron brutalmente
profanadas?
Al
parecer, la tumba de Gaudí, que estaba también en la cripta, no fue profanada
gracias a la intervención in extremis del gran dibujante y pintor Ricard Opisso
(natural de Tarragona), quien, a petición de su padre (amigo de Gaudí), había
trabajado desde muy joven como dibujante para el arquitecto modernista en las
obras de la Sagrada Familia.
Opisso,
que frecuentaba en los años treinta los ambientes artísticos de «Els 4 Gats» y tenía cierta cercanía con
sectores del movimiento libertario, según cuenta en sus memorias, pudo
convencer a los anarquistas para que no lo hicieran.
Pero
el taller de Gaudí no corrió la misma suerte y fueron destruidos a martillazos
los planos, dibujos y maquetas originales de yeso, lo que supuso un durísimo
golpe para la continuación de las obras, que no se retomarían hasta los años
cuarenta.
El local del Patronat Obrer de la
Sagrada Família (institución creada para la educación y catequesis de la clase
obrera) sería, en julio de 1936, confiscado por las Juventudes Libertarias.
Si Antoni Gaudí, que era públicamente
conocido en Barcelona por ser un católico profundamente devoto y, además, una
figura asociada a sectores religiosos, conservadores y burgueses de la sociedad
catalana para los que trabajó, y que, como es sabido, murió el 10 de junio de
1926 después de ser atropellado, hubiera vivido diez años más, cabe preguntarse
qué habría sido de él cuando, el 20 de julio de 1936, las citadas turbas de
milicianos irrumpieron en el templo y se dedicaron a destruir todo lo que
encontraron a su paso.
¿Alguien le hablará de los
conocidos como los 12 mártires de la Sagrada Familia: mosén Gil Parés Vilasau,
Ramón Balcells Masó, Antonio Forns Carulla, Jaime Llonch Solà, Agustín Mas
Folch, Francisco de Paula Parés Iglesias (presidente de la Junta de Obras de la
Sagrada Familia), Consuelo Puig Querol, Clodomiro Coll Ibáñez, Francisco Javier
Cunill Bastús, Ramón Parés Vilasau y los hermanos Francisco Diéguez Foguet y
Mercedes Diéguez Foguet? Todos ellos asesinados por ser mártires en proceso de
beatificación vinculados a Gaudí y al Templo Expiatorio, asesinados en 1936
porque se negaron a renunciar a su fe.
Por citar solo algunos de ellos:
mosén Gil Parés Vilasau (fue el primer capellán-custodio de la cripta del
Templo Expiatorio de la Sagrada Familia), viendo lo sucedido y por sugerencia
de la maestra y catequista de las escuelas del templo, Consol Puig, y de su
vecino Clodomiro Coll, se refugió en el piso de este, en la calle Mallorca.
Pero el portero del edificio alertó a los milicianos y, para evitar que mataran
a la familia que lo escondía, mosén Gil se entregó voluntariamente, siendo
asesinado a tiros la madrugada del 26 de julio detrás del Hospital de Sant Pau.
No sirvió de mucho, pues Consol Puig y Clodomiro Coll serían también detenidos
por esconder y proteger al sacerdote, y asesinados el 27 de julio.
Es
significativo el caso de Ramón Parés Vilasau (hermano de mosén Gil Parés), que
fue un destacado político carlista y militante católico, buen amigo también de
Gaudí.
En
el último acto público de la Comunión Tradicionalista en el que intervino como
orador, en el Teatro Gran Price de Barcelona en febrero de 1936, disertó en
catalán sobre la cuestión obrera, atacando a ERC, a la CNT y a otros grupos
izquierdistas, y proclamando la soberanía social de Cristo.
El 28 de agosto de 1936 fue
detenido por milicianos del Front Popular y asesinado en una cuneta de la
carretera de Tarrasa a Sabadell. Casado con Francisca Sellent, tuvo 13 hijos.
Algunos de ellos combatieron como voluntarios en el Ejército del bando
nacional, como Ramón María Parés Sellent, que fue requeté y cayó en la batalla
del Ebro. Una esquela de 1939 en el diario La Vanguardia Española comunicaba
que padre e hijo habían dado su vida «por
Dios y por España».
Por
otro lado, el papa León XIV tenía previsto hablar en español en sus actos en
Barcelona.
¡La
que han montado los separatistas al enterarse!
Presidentes de la Generalitat
(Jordi Pujol, Artur Mas, Carles Puigdemont, Quim Torra y Pere Aragonès),
presidentes del Parlament (Josep Rull, Ernest Benach, Núria de Gispert, Roger
Torrent, Laura Borràs y Anna Erra) y representantes de entidades como la ANC,
Òmnium Cultural y el Barça, es decir, la flor y nata del golpismo, el racismo y
el separatismo catalán, han firmado una carta conjunta dirigida al Papa para
exigir la presencia del catalán en los actos de su visita a Cataluña y defender
la identidad catalana.. También han presionado, en la misma dirección, como no,
el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas; el obispo de Girona, Octavi Vilà, y
el de Lleida, Daniel Palau.
Algunos
de estos obispos suelen hablar de las milenarias raíces de la Iglesia catalana,
como si aquí hubiera empezado todo, cuando la verdadera implantación del
cristianismo en España se produce con el reino visigodo, especialmente tras la
conversión del rey Recaredo en el año 589. El cristianismo pasa a ser religión
oficial y Toledo se convierte en el principal centro político y religioso.
En este periodo se empiezan a
construir iglesias y catedrales tempranas en todo lo que fue la Hispania romana
y se celebran los conocidos como Concilios de Toledo (entre los años 397 y 702
d. C.).
La
Iglesia catalana ha sido y es un importante instrumento de promoción del
separatismo: lleva décadas predicando y exhibiendo la ideología y la simbología
independentista; hace suyo el lema «una
sola llengua i un sol poble», menospreciando a los fieles no nacionalistas
castellanohablantes, cuando, a pesar de las imposiciones lingüísticas y, según
datos de la propia Generalitat, el 47 % de los catalanes tiene el castellano
como lengua habitual y solo el 32 % el catalán.
Aun así, todas las publicaciones
de los arzobispados, incluido el Full Dominical (Hoja Dominical), suelen ser
exclusivamente en catalán, cuando además la población castellanohablante suele
formar parte de los sectores más pobres y humildes de la sociedad catalana, a
los que parecen considerar de segunda categoría. Y se comporta, en gran medida,
como algo ajeno a la Conferencia Episcopal Española (que, por cierto, prefiere
mirar hacia otro lado ante todo esto).
Parecen
olvidar que la Iglesia católica ha hablado y habla eminentemente en español.
Uno
de los principales frutos de los Reyes Católicos y de la España imperial fue
expandir el catolicismo por todos sus dominios, especialmente en América.
No
parece importarles que sus templos y sus seminarios se estén quedando
prácticamente vacíos.
El laicismo ha crecido
drásticamente en Cataluña durante las últimas cinco décadas, pues son muchos
los que han ido sustituyendo la fe en Dios por su fe en esa pseudorreligión que
es el nacional-separatismo («El
nacionalismo es una nueva forma de idolatría: la nación adora su propia imagen
en vez de adorar a Dios», Vladimir Soloviev).
Pero,
paradójicamente, se están viendo obligados a echar mano de nuevos sacerdotes
africanos o hispanoamericanos.
Cataluña
es la región española con el menor porcentaje de católicos (siendo buena parte
de los nuevos fieles de origen hispanoamericano) y, de estos, los que van a la
iglesia cada semana no llegan al 7 %, mientras que un 53 % de los musulmanes
(que en pocos años llegarán al millón de fieles en Cataluña) sí acude a la
mezquita.
También está a la cola entre los
contribuyentes que marcan la «X» de la Iglesia en la declaración de la renta.
No
es casualidad que Cataluña ocupe el último lugar en todo lo relativo a la
Iglesia católica, incluido el número de seminaristas.
Les
voy a ofrecer una pequeña muestra: en la Archidiócesis de Toledo, en el curso
pastoral 2024-2025, había un total de 123 seminaristas (80 seminaristas mayores
y 43 seminaristas menores); en la de Madrid, 96 seminaristas, que, si sumamos
los de la vecina diócesis de Alcalá de Henares, que cuenta con 47, hacen un
total de 143; en la de Murcia, 60 seminaristas, o en la de Córdoba, 58.
En
el conjunto de las diócesis vascas (Bilbao, San Sebastián y Vitoria) hay un
total de 15 seminaristas.
En
la de Tarragona hay 3 seminaristas y, en el conjunto de las diez diócesis con
sede en Cataluña, hay un total de 46.
En fin, no me queda más que pedir
al papa León XIV que felicite —irónicamente— a monseñor Planellas y al resto de
obispos catalanes que tanto veneran la «llengua
i la nació» por su tan fructífera y excluyente labor pastoral.
Salvador
Caamaño Morado

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