Votar para botar el rencor de la política española
Todo lo mencionado por el firmante constituye, en esencia, el papel que está representando la derecha en España durante buena parte del actual periodo democrático.
Salvaríamos
excepcionalmente la etapa de transición durante la cual tuvieron su espacio
partidos políticos que se decían de centro, pero que al poco desembocarían, por
consunción o fracaso de los mismos, en el que fundaron varios ministros
franquistas (Alianza Popular), origen del actual Partido Popular. Bastó que a
su derecha, a raíz del proceso independentista
en Cataluña, surgiera en los
últimos años una extrema derecha que le empezó a restar votos, para que en
lugar de apostar por una derecha democrática,
como consecuencia también de la alargada sombra de Trump en Estados
Unidos, y de la floración de partidos de extrema derecha en Europa, el Partido
Popular y Vox confluyan en lo que Barrera llama un rencor enfermizo contra el
actual (y también el anterior) gobierno de coalición, según se desprende de su
comportamiento en la sede parlamentaria.
Esto
ya se vio en anteriores legislaturas en las que el Partido Popular fue
derrotado en una elecciones generales.
El
rencor no debería ganar en las urnas ni servir de herramienta -a falta de
razones, argumentos o propuestas
constructivas- para desgastar a un gobierno desde la oposición, pero una airada
e insidiosa cobertura mediática puesta a su servicio podría hacer posible que
el rencor acabara venciendo.
Con
las botas o con los votos, no sería la primera vez, con la colaboración en esta
ocasión de sectores de generaciones enteras, las más jóvenes, que pasen por
alto lo que el rencor significa, bien sea por frivolidad, ignorancia o
estupidez.
No
saber o haber olvidado lo que el rencor representó en la historia contemporánea
de este país, es otro gran fracaso del régimen de 1978, cuyas corrupciones, por
otra parte, también han contribuido a degenerarlo democráticamente.
Uno
y otras no son lo más estimulante para creer en una regeneración democrática,
pero antes de que nos venza el rencor y opere junto a la corrupción hasta
pudrir una democracia ya resentida, sería deseable que por sobrevivencia y
resistencia a la pérdida de los valores y derechos democráticos, el sector que
más consciencia de esto tenga en la sociedad española reaccionase a tiempo para
no volver a caer en ominosas regresiones.
Cada
vez que Feijóo, Ayuso, Abascal, Aznar o alguno de sus incondicionales súbditos
mediáticos -algunos durante decenios- perpetra en sus declaraciones,
publicaciones o prédicas una declaración, una crítica o una información con el
rencor por enseña -a menudo mezclado con
la patraña-, deberíamos estar mentalizados para combatir democráticamente lo
que esa enseña supuso en nuestro pasado más oscuro.
Por eso lo que corresponde a
"el que pueda hacer, que haga",
del rencoroso y más patrañero de nuestros expresidentes, es "el que pueda votar, que vote" para
botar al rencor de la política española, muy favorecido en su siembra, pródiga
y creciente cosecha por la mensajería difundida a través de las llamadas redes
sociales.
Félix Población

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