¿Qué aprendimos de Weimar? De los elefantes y de las habitaciones
No que estemos repitiendo los años treinta, sino que seguimos creyendo que las democracias mueren de golpe. Weimar sin abuso analógico, pero también sin complacencia: las democracias no se hunden solo cuando llegan sus enemigos, sino cuando sus defensores dejan de creer que merece la pena sostenerlas. Hay advertencias que cumplen su función no porque sorprendan, sino porque ordenan lo que muchos perciben de forma dispersa. Hace unos meses, Aitor Esteban pronunció una de ellas ante el Partido Demócrata Europeo. Recordó que la democracia liberal “ no es perfecta, pero es el mejor de los sistemas existentes ”, y añadió que hay que defenderla “ sin complejos, pero también sin ingenuidad ”. Quienes quieren destruirla, dijo, ya no se esconden. La frase merece algo más que una adhesión cortés. En un tiempo en que la palabra democracia se invoca con demasiada facilidad y se practica con demasiada fatiga, Esteban situó el debate en el punto correcto: la democracia liberal no es un...