Aznar, el golfo de la guerra
Hay que ser mala persona para, precisamente en el vigésimo segundo aniversario de los atentados del 11-M, alentar e incitar a una nueva guerra con la excusa de la salvaguarda de la civilización. José María Aznar, con esa sonrisita cínica que le caracteriza, vuelve a mentir, vuelve a ponernos al lado de la muerte, de la destrucción, de un nuevo orden mundial que supone más sufrimiento. Pero eso le da igual. La destrucción de un país autoritario vale la pena. Poco importa si las que mueren son niñas de una escuela o personal sanitario. Nada importan las vidas de periodistas, de músicos, de artistas, bajo las bombas de Trump y Netanyahu. Aznar sigue sin pedir perdón por la sarta de mentiras de la guerra de Irak. Resuenan con dolor todavía aquellas palabras en el Congreso de los Diputados en las que afirmaba que aquel lejano país poseía armas de destrucción masiva. Temblamos ante el televisor porque creíamos que estas iban a acabar con el mundo que conocíamos. Pronto supimos que era el pet...