El calor desploma a los “Aviones del cielo” sobre el asfalto de Andalucía.
La pregunta que estos cientos de crías de vencejo, estrelladas en el asfalto de Sevilla y Córdoba, nos lanzan es la más directa y la más dolorosa: ¿Cuántas vidas más deben caer antes de que entendamos que el calor extremo no es un fenómeno pasajero, sino la consecuencia de nuestra inacción? Los vencejos no pueden pedirnos que bajemos el termostato del planeta; solo pueden caer. Pero nosotros, los humanos, que hemos creado las condiciones para su caída, sí tenemos la capacidad y, sobre todo, la responsabilidad de parar esto. NUESTRO PLANETA El suelo de las calles de Sevilla y Córdoba, bajo un sol de justicia, se convierte en un lecho de plumas y cuerpos diminutos. Decenas, cientos de crías de vencejo común (Apus apus) yacen inmóviles o agonizan, expulsadas de sus nidos bajo los aleros por una ola de calor que ha llevado el termómetro hasta los 40 grados. Estos animales, que son el vuelo hecho vida y que solo tocan tierra para morir o ser rescatados, se han precipitado en...