El embuste es el caballo de Atila del pensamiento
Dice Monterrubio en este magnífico artículo, donde sostiene que la esfera pública se ha transformado en un reality show, que dos personajes nefastos invaden con sus proclamas la rutina cotidiana: el mentiroso y el propagador de chorradas. Del primero se presume, quizás con optimismo, que no ignora la verdad, pero la retuerce, disimula, oculta o elimina en función de sus intereses. El otro, ni la conoce ni le interesa en absoluto. El discurso del Poder adopta cada vez más la forma de un galope de Gish perpetuo. Los embustes se suceden a una velocidad tal que es imposible desmentirlos. Es el caballo de Atila del pensamiento. Por donde pasa no vuelve a crecer la hierba de la reflexión. Y con ella se marchitan el diálogo y la tolerancia. No dar respiro al cerebro es una modalidad sibilina y sumamente eficaz de censura. En ese ecosistema hostil, «¿ qué voz perfecta dirá las verdades del trigo ?» (Lorca: Oda a Walt Whitman). Hay coyunturas históricas en las que la irre...