El declive de nuestra mejor herencia
El declive de nuestra mejor
herencia: por qué los jóvenes españoles están abandonando la dieta mediterránea.
La UNESCO reconoce la dieta
mediterránea como una de las formas de comer más sanas y sostenibles del mundo.
Basada en frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva y pescado, sus
beneficios están sobradamente probados: ayuda a pensar mejor y reduce el riesgo
de obesidad, cáncer y enfermedades del corazón.
Y, sin embargo, en los propios
países mediterráneos, empezando por España, los jóvenes se están alejando de
ella.
Así lo muestra nuestro estudio,
publicado en la revista Nutrition, Metabolism and Cardiovascular Diseases.
Hemos revisado cómo comen más de 84 000 niños, adolescentes y jóvenes de entre
2 y 24 años, reuniendo los datos de 70 estudios realizados en España entre 2004
y 2023. Es la imagen más completa que existe hasta ahora sobre cómo ha cambiado
la dieta mediterránea entre los más jóvenes, y lo que hemos encontrado debería
preocuparnos.
Los datos del abandono
En las dos últimas décadas, solo
el 38 % de los jóvenes españoles ha comido siguiendo bien ese patrón
nutricional. La mitad, un 51 %, lo practica solo a medias, y un 11 % apenas lo
hace.
El verdadero problema no está en
la foto fija, sino en cómo ha evolucionado con el tiempo. Entre 2011 y 2014, y
entre 2019 y 2023, el porcentaje de jóvenes que comía bien cayó del 41,4 % al
24,3 %. Al mismo tiempo creció el número de los que no siguen la dieta
mediterránea. En poco más de diez años casi la mitad de los jóvenes que
llevaban una buena alimentación ha dejado de hacerlo.
¿Quiénes son los más vulnerables?
En cuanto al rango de edad, los
niños menores de 12 años comen algo mejor que los adolescentes y los jóvenes de
más edad. Tiene sentido: al llegar a la adolescencia, empiezan a decidir por sí
mismos con qué alimentarse, reciben mucha publicidad de comida poco sana, siguen
modas que ven en redes sociales y sus padres dejan de vigilar tan de cerca lo
que hay en su plato.
Un dato nos sorprendió
especialmente: los chicos comen algo mejor que las chicas, justo al contrario
de lo que habían encontrado otros estudios. Una posible explicación es la
presión que sufren muchas adolescentes en redes sociales, donde se idealizan
cuerpos extremadamente delgados. Esa presión podría llevarlas a hacer dietas
muy estrictas, en lugar de seguir una alimentación variada y equilibrada como la
mediterránea.
Los verdaderos culpables
¿Qué está desplazando a las
verduras, las legumbres y al aceite de oliva de la mesa? El principal
sospechoso es el avance de la llamada dieta occidental, alta en grasas
saturadas, azúcares y alimentos ultraprocesados. Además, estos últimos son
promocionados con envases llamativos y a través de figuras influyentes en redes
sociales que captan la atención de niños y adolescentes.
A esto se suma el factor
económico. Tanto la crisis de 2008 como la que trajo la pandemia de covid-19
golpearon los bolsillos de muchas familias. Comprar pescado y verduras frescas
se volvió más complicado. Durante el confinamiento, además, los jóvenes pasaron
mucho más tiempo delante de pantallas, se movieron menos y comieron peor. No
hemos podido comprobar directamente si el nivel económico de cada familia
influye en todo esto, pero otros estudios apuntan a que sí, y de forma
importante.
Una llamada urgente a la acción
Los datos no dejan lugar a dudas:
España continúa situándose entre los países europeos con mayores prevalencias
de sobrepeso y obesidad infantil. Abandonar la dieta mediterránea no es solo
perder una seña de identidad cultural. Es un problema de salud pública que
alimentará enfermedades crónicas durante la edad adulta.
Revertir esta tendencia exige
actuar en varios frentes:
Reforzar la educación nutricional
en las escuelas y las familias.
Mejorar el etiquetado de los
alimentos.
Regular la venta de
ultraprocesados en los centros educativos.
Facilitar el acceso económico a productos
frescos, como fruta, verdura, aceite de oliva, especialmente para las familias
con menos recursos.
A esto se suman medidas, como
fomentar las comidas en familia, cuidar el descanso nocturno y promover la
actividad física.
Proteger la dieta mediterránea no
es solo preservar un patrimonio cultural milenario: es proteger la salud y la
calidad de vida de las próximas generaciones de españoles.
Miriam
Garrido Miguel
Sofía
Alfaro González

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