‘Turismo oscuro’: ¿por qué resulta atractivo y al mismo tiempo tan polémico?.
Ciudad de México. Cientos de
devotos se reúnen el primero de cada mes en la calle Alfarería, en el barrio de
Tepito, para rendir homenaje a Santa Muerte. La autoridades municipales
organizan un tour por esta dura zona capitalina, donde opera el cartel Unión
Tepito.
Laureano
Oubiña, una de las principales figuras del narcotráfico gallego, proponía este
verano una ruta del narcotraficante por la ría de Arousa. Ofertaba a sus
clientes un paseo en barco por los lugares que marcaron una época y prometía la
historia contada de primera mano con almuerzo incluido.
La iniciativa ha sido prohibida
por la Xunta de Galicia por infringir la Ley de turismo.
Se
trata de un ejemplo del llamado “turismo
oscuro”, que promueve la visita a lugares marcados por la muerte, la
violencia y el crimen.
El caso de Oubiña nos plantea la
pregunta de si este fenómeno, cada vez más de moda, se nos está yendo de las
manos.
La criminología cultural también
estudia el true crime
El concepto de “turismo oscuro” representa un paraguas
que abarca varias realidades. Es una etiqueta comercial, relacionada con la
necesidad de novedades en la industria turística. Pero también un fenómeno
social que interesa como objeto de estudio a la criminología cultural. Esta
disciplina se ocupa de analizar cómo las sociedades contemplan el delito y
perciben la violencia.
La
criminología cultural incursiona también en el género de no ficción conocido
como true crime (crimen verdadero o real), que analiza a través de series,
pódcasts, libros o películas graves hechos delictivos.
Tanto el true crime como el “turismo oscuro” son fenómenos que siguen
tendencias y se convierten en moda. Ambos nos proporcionan valiosa información
acerca de la manera en la que entendemos la violencia y el crimen.
Nos muestran que, como sociedad,
sentimos una mezcla de curiosidad, necesidad de memoria y reflexión ante los
hechos violentos y los actos criminales, buscando comprender sus causas y
consecuencias para darles sentido.
Memoriales, favelas, Alcatraz y
Tepito
El “turismo oscuro” que interesa a la criminología se centra en el
delito, la violencia y la administración de justicia. Abarca muchas
manifestaciones diferentes.
Una parte importante está formada
por los destinos relacionados con sucesos traumáticos o graves violaciones de
derechos humanos, como las visitas a campos de concentración y memoriales.
Los lugares relacionados con
conflictos bélicos, desde Vietnam hasta la Segunda Guerra Mundial, también se
pueden incluir en esta tendencia, al igual que la visita a prisiones históricas
como Alcatraz.
Pero
también entraría en esa categoría las excursiones a zonas urbanas consideradas
problemáticas por el alto índice de criminalidad, alejadas de los circuitos
turísticos más convencionales. Es el caso de los barrios peligrosos de Nueva
York o las visitas a las favelas de Río de Janeiro.
Estos
itinerarios se diseñan a veces para tratar de eliminar el estigma de la
criminalidad. En la Ciudad de México, la Alcaldía Cuauhtémoc organiza el
tepitour para dar otra visión de este “barrio
bravo”, donde opera el cartel Unión Tepito.
Incluso existen rutas que siguen
los pasos de algún criminal famoso, como el tour de Pablo Escobar en Colombia.
Todos son lugares que se asocian
al crimen o la violencia, pero hay grandes diferencias. No es lo mismo la
visita a un campo de concentración como Auschwitz que un paseo siguiendo los
presuntos pasos de Jack el Destripador en Londres, una actividad que incluso
admite mascotas.
Debido al auge del turismo de
masas, se ha vuelto necesario para esta industria buscar nuevas experiencias
originales que alimenten una demanda creciente, incluso aunque parezcan poco
turísticas. Por otra parte, el auge del “turismo
oscuro” tiene que ver también con la popularización de la criminología como
un elemento más de la cultura popular.
España como destino de turismo
oscuro
España,
una de las principales potencias turísticas mundiales, también se ha convertido
en un destino para este tipo de turismo.
Los
blogs especializados en “turismo oscuro”
destacan las visitas e itinerarios asociados con la Guerra Civil.
Sobresalen Guernika, la localidad
vasca bombardeada por el ejército alemán durante la contienda, y el pueblo
viejo de Belchite, en Aragón, cuyas ruinas se conservan todavía como testimonio
del conflicto.
En los últimos años han
proliferado rutas turísticas vinculadas a búnkeres y lugares donde se
desarrollaron algunas de las principales batallas de la Guerra Civil española,
así como enclaves históricos asociados a la brujería y su represión, como
Zugarramurdi.
En un sentido amplio, aunque con
una orientación más cercana al activismo social, pueden incluirse también las
rutas existentes en varias ciudades que recorren espacios relacionados con la
corrupción política y urbanística.
Oportunidades y riesgos: ¿qué
hacemos con las víctimas?
Esta nueva oferta está llamada a
impulsar la economía de las zonas donde se encuentran los destinos, reflejando
la capacidad de innovación de la industria turística. En el caso de los
espacios vinculados a la memoria histórica, puede favorecer la concienciación
social y reforzar su valor educativo.
Pero
también plantea desafíos importantes. Muchos de estos lugares fueron concebidos
para las comunidades afectadas como espacios de recuerdo, duelo y reparación,
pero el consumo turístico no estaba entre sus prioridades.
Entre los principales riesgos
destaca la banalización, visible en comportamientos irrespetuosos como los
selfies en Auschwitz y otros lugares de memoria.
Además, estos espacios suelen
constituir patrimonios incómodos que requieren procesos de interpretación
complejos y, con frecuencia, controvertidos. Algo que sucede con el Valle de
los Caídos en España. También es esencial respetar la memoria de las víctimas y
considerar el impacto que la explotación turística puede tener sobre las
personas que viven en lugares asociados al crimen o la violencia.
La comercialización de productos
o experiencias que puedan justificar o glorificar a delincuentes resulta
problemática. Por ello, el “turismo
oscuro” debe desarrollarse de forma ética, dando contexto a los hechos y
respetando a las víctimas para evitar victimizarlas de nuevo. Gestionado de
forma ética, puede favorecer el aprendizaje y la reflexión sobre
acontecimientos traumáticos que han marcado a la sociedad.
Del mismo modo que “cada sociedad tiene los delincuentes que se
merece”, también genera el tipo de “turismo
oscuro” que la refleja.
Jorge
Gracia Ibáñez

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