¿Es posible una regeneración de la política?
Los problemas que nos aquejan como sociedad política son inseparables de aquellos éticos y morales que nos conciernen. En una era de relativismo e individualismo, la dignidad humana corre riesgo de desaparecer bajo el manto de una falsa ecuanimidad. La corrupción no es un problema reducido a los actores políticos, sino que quienes están en cargos de representación son un reflejo de los valores dominantes de una sociedad y de los criterios naturalizados para la toma de decisiones. Sin lugar a duda, tiene mayor responsabilidad quien puede provocar daños a mayor escala y aquellos cuyas decisiones impactan sobre muchas más personas. Y por ello ponemos el foco en quienes nos representan. La mentalidad dominante admira a quienes consiguen sus objetivos, persiguiendo sus intereses egoístas, por medios deshonestos, siempre y cuando no sean descubiertos. Hoy no se condena el egoísmo, sino que lo se enaltece, aunque se usen otros términos para elogiar quien primero piensa en sí mismo ...